Que el llamado medio ambiente sea campo para la propaganda no debe sorprendernos ya. Ha sucedido así con cuantos valores se ponen de moda en un determinado momento y de ello se aprovechan los camaleones. La publicidad es su principal trampolín. Ahora bien, asunto bien distinto es el canal empleado en este caso, un periódico, y su soporte, el papel. Muy mal andan los medios, desde luego, cuando tragan ya con lo que sea, a pesar de arruinar una vez más su crédito informativo. Y peor anda el papel como para malgastarlo de este modo. Porque tampoco los artículos, una vez leído el cuadernillo, merecían ese derroche medioambiental. De manera que esta terrible contradicción puesta una vez más de manifiesto debería llevarnos a pensar si no se necesita un libro ético en los diarios, como sus libros de estilo, que evite tales barbaridades. De lo contrario, el prestigio de la prensa continuará yéndose a pique y bien sabemos que la alternativa es la selva digital.
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