Jorge Valle

Proyecto salvación

19/04/2026
 Actualizado a 19/04/2026
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Si por algo pueden definirse los mitos es por su mutabilidad y su capacidad para pervivir a lo largo del tiempo, asombrosa si se tiene en cuenta que muchos de ellos son casi tan antiguos como las propias culturas que los idearon para pensarse a sí mismas. Pocas historias, en este sentido, han mostrado tanta persistencia como la de Prometeo, el titán que robó el fuego a los dioses para entregárselo a los seres humanos y que fue castigado por la ambición desbocada de querer ir más allá del orden natural de las cosas, eso que los antiguos griegos llamaban ‘hybris’. Ya Hesíodo, el padre de la mitología griega, reprendía al titán en su ‘Teogonía’ por «mañoso y astuto» y lo hacía merecedor de un castigo ejemplar: encadenado en soledad en lo más alto del Cáucaso, condenado por Zeus a que un águila –o un buitre, según otras versiones– devorase su hígado cada día, regenerado de nuevo a la mañana siguiente para prolongar así eternamente el suplicio. Siglos después, en plena Revolución científica, Mary Shelley unió de forma definitiva el mito, en su novela ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’, con las inquietudes que despierta todo avance científico: el fuego de los dioses, símbolo del conocimiento humano, amenaza siempre con volverse contra quien lo ejerce. También el cine ha recogido la herencia del mito prometeico –aunque de forma más implícita que la literatura– y la ha traducido a imágenes, especialmente en la ciencia ficción, el género que más se ha interrogado por las tensiones que genera el progreso humano. Películas como 2001: una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) o Prometheus (Ridley Scott, 2012) devuelven al espectador de hoy la misma advertencia que Hesíodo a sus contemporáneos: el deseo de conquistar el fuego lleva inscrita, desde su origen, la sombra de su propio castigo.

Lo interesante de ‘Proyecto salvación’, una película ligera, divertida y juguetona, más cerca del Spielberg de ‘Encuentros en la tercera fase’ (1977) y ‘E.T. el extraterrestre (1982) que de la solemnidad y la épica de las anteriores, radica en recuperar la otra cara del mito: la que propone el autor trágico Esquilo en ‘Prometeo encadenado’, donde el titán es presentado como benefactor de los humanos. Gracias al fuego –que aquí no destruye, sino que crea–, estos pudieron abandonar la oscuridad de las cavernas, calentarse y contarse historias en torno a una hoguera, y salvarse de una existencia apenas distinta de la de las bestias. Los directores Phil Lord y Christopher Miller, con guion de Drew Goddard basado en la novela de Andy Weir, narran una emotiva fábula sobre la importancia de la colaboración científica y la cooperación con los que son diferentes, en un momento histórico, además, marcado por la creciente competición entre las grandes potencias por los recursos estratégicos, el desmoronamiento del multilateralismo y los espacios de diálogo, y el retorno de una guerra fría que tiene de nuevo en el espacio uno de sus campos de batalla, como puede comprobarse estos días con la vuelta a la Luna de la Artemis 2. Protagonizada por un inesperado Prometeo que flota en la inmensidad del espacio camino de las estrellas –un héroe torpe y solitario, casi tan entrañable como la criatura alienígena con la que traba amistad, e interpretado por un Ryan Gosling igualmente dotado para la comedia como para el drama–, ‘Proyecto salvación’ recuerda que compartir el fuego con los otros no lo apaga, sino que lo aviva y lo engrandece. Y que ese gesto, lejos de merecer castigo, merece ser celebrado, porque quizá sea lo único que pueda salvar a la humanidad de su propia ignorancia.
 

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