15/01/2026
 Actualizado a 15/01/2026
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Vivimos en una época en la que sólo funciona la ‘Agitación y Propaganda’ (‘Agipro’), que inventaron los nazis, Goebbels, y que copió luego en todo el mundo...; hasta aquí, que somos el culo del universo, Franco creó un ministerio de ‘Información y Turismo’.

El caso es que todos los periódicos españoles que se dedican a hablar de deportes (seamos serios: hablan del Madrid y del Barcelona únicamente), han iniciado una campaña para que Unai Simón deje de ser el portero titular de la selección del fútbol y poner en su lugar al guardameta de Barcelona, un tal García... Uno, ¡claro!, no discute que el chaval ese es bueno con cojones, porque lo está demostrando...; pero quiere recordar a todos estos sabelotodo que Simón ha sido titular indiscutible con Luis Enrique y con De la Fuente, ganando, entre otras cosas, el título de Campeón de Europa... Lo que ocurre, seamos serios, es que el pobre Unai juega en el Athletic y no en uno de los dos grandes, ni se ha ido de Erasmus a Inglaterra o a Italia. Es un tipo que ama sus colores y que jamás, jamás, abandonará el club de su vida. Si Simón jugase en el Madrid, pongo por caso, toda esta barahúnda no tendría ningún sentido. Además, con este cisco, hacemos de menos a los ‘otros’ porteros que van a las convocatorias de la selección: David Raya es un crac en el Arsenal y Remiro lo hace de puta madre con la banda de los guipuchis..., cosa que reconozco, aunque sea un apestado del Athletic. Esta juerga me recuerda a la que hubo antes del mundial de Sudáfrica, cuando todos estos iluminados luchaban para que el portero de la nacional fuese Víctor Valdés en lugar de Casillas: excuso recordar cómo acabó todo...

Todo este sindiós también sucede en el mundo real, en el que nos jugamos la vida y los dineros; todos los periódicos de ‘derechas’ y los partidos políticos de esta cuerda están aplaudiendo con las orejas la sobrada de Trump con Venezuela..., y no se les cae la cara de vergüenza. Este suceso ha sido, desde un punto de vista legal, absolutamente contrario a las leyes internacionales; pero ¡claro!, a los yanquis se la trae más floja que un cinturón de castidad en el himen de una nonagenaria: son los putos amos y hacen y deshacen a su antojo en el panorama internacional. Lo llevan haciendo ciento y pico de años, o sea, que no hay nada nuevo bajo el sol. Esta vez les tocó a los venezolanos y mañana serán los cubanos o los colombianos quienes verán destruida su soberanía; ¿qué más da? El asunto es que ellos querían el petróleo, no la libertad ni la democracia ni nada que se le parezca. Y lo han logrado, contando con la colaboración de gente tan poco de fiar como es la vicepresidenta del fulano que han derrocado. Sin el amén de Delcy (la misma de las maletas de Ábalos en Barajas), no se puede montar semejante pifostio.

Y lo que está sucediendo en Irán, más de lo mismo. No discuto que los iraníes, sobre todo los jóvenes, estén esta la peineta del régimen teocrático que los gobierna. Pero que en este mal asunto están implicadas la CIA, el Mosad, el MI6 y toda la banda de hijos de puta que actúan en la sombra para mayor ‘prez’ de las potencias imperialistas, lo sabe hasta el más tonto de mi pueblo. Ya lo hicieron en Siria, en Irak, en Libia, en Egipto, cuando cambiaron a los ‘Hermanos Musulmanes’ por un general que, no sé por qué, se me parece mucho al gallego que nos gobernó cuarenta años y un día.

El cristianismo, desde San Agustín, admite que hay «guerras justas». Los ortodoxos, sin embargo, afirman que «toda guerra es un pecado contra Dios» y nunca son los primeros que atacan. ¿Cuánta gente ha muerto en nombre de Dios, de la Libertad y de la Democracia? Miedo me da echar los números... Recordad, también, que en el cinto de los soldados alemanes y británicos de la I Guerra Mundial estaba escrito el mismo texto: «Dios está con nosotros». El caso es que, en este desquiciado mundo en el que vivimos, nada es verdad ni es mentira..., ya que todo es propaganda, cuentos con los que nos hacen comulgar a cualquier precio. Lo dicho: Unai, titular indiscutible de la ‘roja’.

Salud y anarquía.

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