Como se acercan las elecciones, miro en la prensa digital las propuestas de los partidos para León. La mejor, como siempre, es la del PP, que se reivindica por boca de su presidente regional, sin temblarle el pulso, como defensor de la causa de la minería después de que su partido haya acabado con ella. Da igual: seguirán votándolo.
En páginas de Sociedad, las noticias negativas se suceden sin que ello afecte tampoco a los electores. Baja la Ponferradina, baja el Astorga, la Cultural no sube una temporada más, arden las casas y las pocas fábricas que quedan (sin empleados, por cierto: la mayoría de ellos son autónomos), los jóvenes continuan huyendo, los ganaderos cierran sus granjas de leche, la despoblación de la provincia aumenta de día en día… No importa: los que quedan seguirán votando a los mismos; les va tan bien con ellos al frente…
Recuerdo a mi cuñado malagueño, que se extrañaba al principio de que en León todo el mundo esté siempre pendiente del pronóstico del tiempo. «¡Si ya lo saben! – exclamaba – Malo. Va a hacer malo, como siempre…».
¿No estaré yo haciendo lo mismo preocupándome por el futuro de una provincia que es ya un cadáver político y económico? ¿Seré yo un pesimista recalcitrante pensando que los leoneses volverán a votar a los mismos de siempre (a uno menos, pues hasta un diputado han perdido desde las últimas elecciones al haber perdido población), esos que les han llevado a la ruina?
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.