Castilla y león es una de las comunidades autónomas más afectadas por la despoblación y el envejecimiento demográfico.
Ambos índices se acentúan en el medio rural. En los pueblos, donde hace unas décadas había familias numerosas, actividad, vida, en definitiva, hoy solo se escucha el silencio.
Hay excepciones, pero, en general, la decadencia y la dejadez por parte de las administraciones se han adueñado de ellos.
Causa mucha tristeza esta situación, porque mucha gente que vive en una ciudad tiene padres, abuelos que aún resisten en la casa del pueblo. O al menos guarda recuerdos, de esos que no se borran con facilidad, de la infancia o adolescencia, de aquellos veranos disfrutando de los juegos, paseos en bicicleta, noches al fresco, libertad.
Todo el mundo comenta que en el pueblo se está muy bien para pasar unos días o semanas, pero la cruda realidad es que es muy complicado establecerse y vivir durante todo el año.
Las personas mayores, que suelen ser mayoría en el entorno rural, son las que más sufren este desmantelamiento progresivo del mismo. Se cierran los consultorios médicos. Lo mismo pasa con las farmacias, los bancos, tiendas y demás negocios que han ido bajando la trapa. Hasta las iglesias. También se han reducido, incluso anulado, los medios de transporte que permitían los desplazamientos necesarios, haciendo imprescindible tener coche para casi todo. Se acercan las elecciones autonómicas y se oye hablar de grandes proyectos para revitalizar el mundo rural, llenar la tan nombrada España vaciada. Así debería ser, tan ciudadano es quien vive en una gran ciudad como el que vive solo en un pueblo, ¿verdad?
Aunque esos proyectos quedan siempre en agua de borrajas o lo que es lo mismo, almacenados en los cajones. Por algún motivo, no interesa. Dicen que no hay servicios porque no es rentable al no haber vecinos. Yo me pregunto si no será al revés y la falta de vecinos se debe a la ausencia de servicios.
¿Qué fue antes el huevo o la gallina?