El Informe Talis 2024, de la OCDE, en el que han participado 55 países, aborda una serie de problemas que afectan al profesorado, como este: «Los docentes padecen altos niveles de estrés y se sienten atrapados por una elevada carga burocrática que no consideran útil». El 85,8 % del profesorado se muestra muy insatisfecho con tanta burocracia. Estos resultados coinciden con los de una encuesta realizada por el Sector de Enseñanza de UGT Servicios Públicos a 7600 docentes, que señala que ese trabajo sobreañadido le genera altos niveles de estrés laboral.
Parece evidente que este exceso de burocracia en la tarea docente está minando y lastrando tanto al proceso de enseñanza como a la satisfacción laboral de los profesores. Urge hacer algo. Es necesario mejorar la calidad educativa y el bienestar del profesorado. Parece indispensable reducir y simplificar los procesos administrativos, para que al ‘pobre’ profesor le quede algo de tiempo para la docencia, ya que a eso es a lo que ha ido a los colegios.
Hace ocho años que me he jubilado y mis excompañeros me dicen que he tenido suerte de librarme de este ‘karma’. En sus reflexiones predomina el deseo de enseñar a sus alumnos, porque este es el fin por lo que se han inclinado a trabajar en un colegio, y también su rabia porque ‘los papeles’ no les permiten ejercer su ansiado trabajo. Esto cada vez es más evidente en la comunidad educativa, hasta tal punto que, en la actualidad, hasta la propia administración empieza a tomar conciencia del problema, promoviendo en algunas comunidades la creación de grupos de debate para encontrar propuestas que contribuyan a la ‘desburocratización’ del sistema educativo. La Lomloe nos trajo este regalo. Ella se centra en el desarrollo de competencias clave en lugar de la memorización. Esto implica un cambio hacia instrumentos de evaluación variados, como trabajos, proyectos, debates y presentaciones orales, que demuestran la aplicación del conocimiento en contextos reales. Los exámenes tradicionales pierden valor. Las tareas de los docentes en los institutos tienden a generar una creciente multitud de actas e informes, que no permiten al profesorado dedicarse a la labor esencial de su profesión: enseñar. Los lemas en las pancartas de las manifestaciones son: «Queremos enseñar a nuestros alumnos y no rellenar papeles». Pero en las manifestaciones de los agricultores, hace unos días, el lema era el mismo: «Queremos arar nuestras tierras, cosechar nuestros campos y ordeñar nuestras vacas, pero no queremos pasarnos la vida rellenando papeles».
Es evidente que el Gobierno tiene la obligación urgente de sacar al profesorado de esta situación. Se da la paradoja de que, mientras la sociedad cada vez exige más al profesorado, las administraciones siguen sin dotarlo de los recursos y tiempo necesario para afrontar las nuevas exigencias.