Parece que fue ayer cuando estábamos celebrando el año nuevo, y casi sin darnos nos cuenta, y tras el carnaval y el Entierro de la Sardina, ya estamos en tiempo de Cuaresma. Que el mundo cofrade es un reflejo de la sociedad actual, no ofrece ninguna duda, aunque sigue adoleciendo de ciertos errores que en otros ámbitos ya están superados.
En pocos meses iremos a votar a nuestros alcaldes, y el próximo año, elegiremos a diputados y senadores. Pero en algunas cofradías no podremos elegir a nuestras juntas de gobierno.
La democracia, tan asumida y peleada por nuestra sociedad, sigue siendo un tema prohibido y polémico dentro del ambiente semanasantero. Siempre he creído que todos los que van debajo del paso o en la fila con su cruz, tienen que tener los mismos derechos, al igual que defiendo la postura de que la antigüedad dentro de la hermandad, no tiene porque tener ciertos privilegios.
Confío plenamente en la democracia, y no entiendo como personas que participan activamente de ella cuando elijen a sus gobernantes, presidentes de sociedades recreativas, incluso rectores de universidad, por poner algún ejemplo, (¡si hasta votamos la canción que nos representará en el festival de Eurovisión!), son capaces de negar el derecho al sufragio en una hermandad.
La democracia y el consenso son necesarios, y el abad o presidente de turno, debería sentirse orgulloso cuando los hermanos le demuestren su apoyo en las urnas, y no la actual designación semioficiosa, basada únicamente en una serie de criterios sociales. Quizá fue una fórmula que funcionó para tiempos pasados, pero ahora es el momento ideal para que las autoridades eclesiásticas, revisen ciertos asuntos que llevan encima de la mesa mucho tiempo, y actúen, como ya se ha hecho en otras ciudades.
Pienso que la democracia traería caras nuevas, ilusión, futuro, consenso, más participación y por supuesto una mayor labor social. Deseo cambios, igualdad y que todo los hermanos de la cofradía puedan optar, sin peajes, a una vara alta o simplemente algo tan sencillo como pujar en turnos.
Igual aún es pronto, pero en menos de cuarenta días llegarán los nervios, la emoción, la alegría, el sentimiento y la fe que cada año acompaña a la Semana Santa. Y ojalá lleguen los cambios cuanto antes, que por algo la Unesco ha nombrado a la ciudad de León, Cuna del Parlamentarismo, donde se le concede al pueblo el derecho a intervenir en la decisión de los asuntos públicos. ¡Ahí es nada!
Privilegios cofrades
21/02/2015
Actualizado a
19/09/2019
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