En el campo hemos tenido bastante claro eso de la prioridad nacional que ha puesto de moda el partido político Vox. Nosotros hemos querido aplicar la prioridad nacional cuando contratamos un pastor para cuidad las merinas en las brañas o en las rastrojeras de los Oteros, pero nos han dicho no. Hemos querido aplicar la prioridad nacional para contratar cuadrillas para trepar el lúpulo, y unos meses más tarde para pelarlo, pero nadie lo ha aceptado y hemos tenido que optar por trabajadores de color de Nigeria. Buscamos la prioridad nacional para vendimiar las viñas viejas en Castro Ventosa, y no hemos encontrado a nadie, hasta el punto que no pocos propietarios han decidido dejarlas a poulo. Prioridad nacional para ordeñar vacas, dos veces al día, en las granjas lecheras de la vega del Esla, y esos a los que se la ofrecimos, nos hicieron una peineta. Prioridad nacional para recoger repollos en Fresno de la Vega, manzanas en El Bierzo, poner tubos de riego en Soto de la Vega, cargar pollos en la Milla del Río, hacer la campaña de la hierba en el valle de Arbás, podar viñas en Valdevimbre, esquilar ovejas en Valderas, y apañar patatas en la Cepeda, y no encontramos a nadie que quiera ejercer ese privilegio de ser los primeros por haber nacido aquí.
Podemos consolarnos por no ser los únicos a los que le pasa. Al parecer esto de la prioridad nacional tampoco les funciona a los constructores, a los autónomos que necesitan un ayudante, a los panaderos, a los hosteleros, a los de los bares de copas, ni a los reparadores de máquinas de todo tipo, ni a las empresas de servicios de limpieza, ni a las de asistencia social, ni a quienes regentan residencias de la tercera edad, y así un largo etcétera. Solo encontramos a nacionales de pedigrí para puestos en los que se trabaje poco, se gane mucho, permitan mucho tiempo libre, y sean más o menos seguros en el tiempo. Para la mayoría de los trabajos, hay que priorizar en los de fuera, y que no falten. Y el Estado debe de tratarlos como a iguales, a ellos y a sus familias.