Se empieza adorando al líder en un mitin, a Santi, al Mesías, y se acaba apaleando a alguien porque sí. Vimos a los/as jóvenes de La Bañeza gritando como fanáticos/as «¡me ha mirado, me ha tocado…!» cuando estuvo Abascal en la campaña electoral, y certificamos a los pocos días cómo recibía tremenda paliza una chica trans en la localidad. Casi nada es casual, casi todo es causal. Qué duda cabe.
Se empieza atizando al alcalde de la ciudad porque el turista encontró un clínex en la calle nada más bajar del AVE y se le acaba acusando casi del derrumbe de algunos edificios antiguos de la capital; más aún, probablemente escarbando un poco entre los escombros, la gacetilla local de los ‘populares’ descubra que dichos inmuebles, aunque con la engañosa etiqueta de históricos, son del edil o de su familia. Qué duda cabe. En efecto, el viejo pasquín se queda muy corto pidiendo el sillón del alcalde a diario, deberían exigir también su cabeza, y nada de simbólica o metafóricamente; en el sentido literal.
Se comienza silbando a Piqué con la selección de fútbol y se termina pitando a la directiva en el palco contra el Andorra; se empieza atacando la profundidad y se acaba perdiendo cero a cuatro, igual que se empieza recibiendo un empujoncito y se dan seis vueltas de campana sobre el campo o se recrea uno filosofando sobre la motivación en el deporte y lo eligen para entrenar a la Cultu. Se empieza criticando las instalaciones deportivas municipales y se acaba descendiendo de categoría… por culpa del césped, qué duda cabe.
Se empieza ingresando en una cofradía y acaba uno vistiendo traje largo con capucha de asustar, se empieza bebiendo orujo debajo de las andas a escondidas y se acaba estigmatizando a Genarín. Se empieza por llenar de carteles semanasanteros la cristalera del bar y se acaba cobrando tres pavos en el Húmedo por un chupito de limonada, industrial y con mucho hielo (aunque tres euros por ‘matar judíos’, en estos tiempos, puede ser mucho o poco, según se mire).
¿Seguimos por ahí afuera? Va un popurrí. Se empieza secuestrando al presidente de un país y se acaba confiscando su petróleo y su riqueza. Se empieza atacando Oriente Medio y se acaba bombardeando Oriente Entero. Se empieza siendo el pueblo elegido y se acaba siendo el país más enloquecido. Se empieza dizque subiendo a la luna y acaba uno preguntándose ¿pero, para qué? Se estrena uno con una corrida real en la Zarzuela y acaba en otra taurina en la Maestranza. Se empieza queriendo imitar a Madonna y se acaba siendo Rosalía. Y hablando de chonis, se empieza siendo portavoz y diputada en el Congreso ¡por León! y acaba siendo noticia que ¡ella visita León! Se empieza con el brazo lleno de calcamonías y se acaba de influencer sin cerebro o peor, ‘desokupando’ a indigentes por la fuerza, pues la inteligencia parece ser inversamente proporcional a la superficie ocupada por los tatuajes.
Y así, en este plan. Que ya lo dijo aquel sarcástico De Quincey: «Se empieza matando a alguien y se acaba no yendo a misa los domingos». Qué duda cabe.