José Luis Prada

El principio del fin (Publicado el 28 de junio de 1998)

03/01/2026
 Actualizado a 03/01/2026
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Hoy 27 de Junio tenía que escribir de las viñas y del vino. Es el tema candente, es un tema de actualidad total. Pues NO, no escribiré  nada hasta que pase un tiempo  y las cosas y los dichos estén en su sitio, y ya desde una perspectiva global dar mi opinión, que por supuesto no tendrá más valor que las ciento y una que se están dando estos días; bueno, sí, pensándolo bien, tendrá un poquito más porque no estará condicionada  por la rabiante actualidad, y eso ya es un punto a favor.

Estoy  un  tanto  decepcionado  porque  escribo,  digo  y  hago  cosas  desde  hace  ya muchos años y veo con desilusión  como nada de lo que propugno  hace  mella en nada ni nadie... El otro día, un amigo, periodista de la radio, que por cierto sé que me aprecia, me decía que yo estaba fracasando... No lo entendía...  ¿Fracasando?, ¿En qué fundamentas  esa afirmación? Me lo explicó y en cinco minutos quedé convencido de que así era, en efecto. Su planteamiento  era sencillo: Prada, tantos  años trabajando  para salir adelante llevando siempre como bandera el promocionar  todas las cosas que produce El Bierzo. Tú, que le estás  dando  valor  a la arquitectura  tradicional  de nuestros  pueblos; tú, que  potencias  lo auténtico  y la sencillez  de unas costumbres  y usos ancestrales;  tú, que cuidas el entorno donde  trabajas  y lo  haces  un  poco  más  bonito,  tu  que,  en  fin,  luchas  por  todos  esos principios y de alguna forma presumes de ello. Tú, Prada, no conseguiste  crear escuela ni concienciar  a nada ni a nadie de esa filosofía... ya que El Bierzo, decía: aparentemente avanza, se mueve, pero avanza  perdiendo su identidad,  perdiendo  su belleza paisajística, perdiendo la peculiaridad  de casi todos sus pueblos; Prada, para mí, tú, no llegaste a «calar en los bercianos» ¿? 

La verdad es que inmediatamente estas observaciones  me parecieron unas verdades como templos, y a fé, que tuve que humildemente darle la razón... A fuerza de ser sincero, yo, lucho y trabajo por sacar mi negocio para adelante, pero en el fondo, en mi  fuero interno,  predomina  la ilusión  de cambiar  este  pequeño  mundo  en el  que estoy viviendo,  Cacabelos,  Canedo, Campelo...  El  Bierzo...  

Ya sé que  eso  es  casi  imposible, pero... mientras  ese «casi» esté  por delante  de la palabra  imposible,  siempre  te queda la ilusión de conseguirlo. Ahí, creo que está la fuerza del hombre para vivir plenamente,  hacer lo que te corresponde como ciudadano normal para vivir, y de paso crear el medio idóneo a tu  alrededor  para hacer  más  habitable  y digna  la vida  de los demás.  Bien...  pues amigo Eduardo: tienes toda la razón del mundo, estoy fracasando.  Te doy las gracias, conseguiste que me «bajase de la burra». 

Ahora, también te diré que no me acobarda ni me condiciona el saberlo. Ya sé el terreno que piso. 

No lo dudes, seguiré dando la vara, me gustan los retos difíciles,  precisamente  cuanto  más  inalcanzables  son, es  cuando  más  a fondo  pongo  el acelerador   y  cuando  verdaderamente más  me  seduce  el  ir  consiguiendo   poco  a  poco pequeñas parcelas de ese reto «inalcanzable».

En nuestro Bierzo, en León, se necesita ser todos un poco mas utópicos, se necesita el que luchemos  por algo más alto que por la simple  ración del pesebre  diario, que por supuesto hay que tener, pero que ello no puede condicionarnos hasta el extremo de que no veamos más allá del día a día. Eso jamás fue bueno para ninguna sociedad, eso, lo que crea son ciudadanos inmóviles, conformistas, sin ilusión por nada ni por nadie que no sea el satisfacer su instinto voraz  de supervivencia a costa de los demás. Así, no se va a ninguna parte, así, con la «andorga» llena, se obnubila el entendimiento, se aletargan los músculos, se prostituye la voluntad, y lo que es peor, se deja uno hasta que le den por el culo con tal de seguir tirando... ¡Qué mas da!. «El  caso es que yo esté a gusto», lo demás: «Me importa un pimiento». Amigos: con ese conformismo y con ese egoísmo instalado de por vida en cada  uno de los bercianos  y de los leoneses, vamos abocados directamente a buscar nuestra ruina moral como personas, y lo que es peor, les estamos haciendo la cama a nuestros hijos para que vivan en un entorno donde sólo primará lo banal, las apariencias y lo artificioso, en donde los valores tradicionales de la palabra, el trabajo, la honradez, la bondad humana, quedarán constreñidos a ser cualidades para ·poner  un museo en cada pueblo. 

Por cierto: los museos son los que «pitan» en este momento en León. Malle va a un pueblo que sólo mira para atrás y no se le ocurre otra cosa que hacer museos de las cosas que, por su ineptitud  y abandono, dejó  perder...  Eso, amigos, es el principio del fin... Punto...
 

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