Hoy 27 de Junio tenía que escribir de las viñas y del vino. Es el tema candente, es un tema de actualidad total. Pues NO, no escribiré nada hasta que pase un tiempo y las cosas y los dichos estén en su sitio, y ya desde una perspectiva global dar mi opinión, que por supuesto no tendrá más valor que las ciento y una que se están dando estos días; bueno, sí, pensándolo bien, tendrá un poquito más porque no estará condicionada por la rabiante actualidad, y eso ya es un punto a favor.
Estoy un tanto decepcionado porque escribo, digo y hago cosas desde hace ya muchos años y veo con desilusión como nada de lo que propugno hace mella en nada ni nadie... El otro día, un amigo, periodista de la radio, que por cierto sé que me aprecia, me decía que yo estaba fracasando... No lo entendía... ¿Fracasando?, ¿En qué fundamentas esa afirmación? Me lo explicó y en cinco minutos quedé convencido de que así era, en efecto. Su planteamiento era sencillo: Prada, tantos años trabajando para salir adelante llevando siempre como bandera el promocionar todas las cosas que produce El Bierzo. Tú, que le estás dando valor a la arquitectura tradicional de nuestros pueblos; tú, que potencias lo auténtico y la sencillez de unas costumbres y usos ancestrales; tú, que cuidas el entorno donde trabajas y lo haces un poco más bonito, tu que, en fin, luchas por todos esos principios y de alguna forma presumes de ello. Tú, Prada, no conseguiste crear escuela ni concienciar a nada ni a nadie de esa filosofía... ya que El Bierzo, decía: aparentemente avanza, se mueve, pero avanza perdiendo su identidad, perdiendo su belleza paisajística, perdiendo la peculiaridad de casi todos sus pueblos; Prada, para mí, tú, no llegaste a «calar en los bercianos» ¿?
La verdad es que inmediatamente estas observaciones me parecieron unas verdades como templos, y a fé, que tuve que humildemente darle la razón... A fuerza de ser sincero, yo, lucho y trabajo por sacar mi negocio para adelante, pero en el fondo, en mi fuero interno, predomina la ilusión de cambiar este pequeño mundo en el que estoy viviendo, Cacabelos, Canedo, Campelo... El Bierzo...
Ya sé que eso es casi imposible, pero... mientras ese «casi» esté por delante de la palabra imposible, siempre te queda la ilusión de conseguirlo. Ahí, creo que está la fuerza del hombre para vivir plenamente, hacer lo que te corresponde como ciudadano normal para vivir, y de paso crear el medio idóneo a tu alrededor para hacer más habitable y digna la vida de los demás. Bien... pues amigo Eduardo: tienes toda la razón del mundo, estoy fracasando. Te doy las gracias, conseguiste que me «bajase de la burra».
Ahora, también te diré que no me acobarda ni me condiciona el saberlo. Ya sé el terreno que piso.
No lo dudes, seguiré dando la vara, me gustan los retos difíciles, precisamente cuanto más inalcanzables son, es cuando más a fondo pongo el acelerador y cuando verdaderamente más me seduce el ir consiguiendo poco a poco pequeñas parcelas de ese reto «inalcanzable».
En nuestro Bierzo, en León, se necesita ser todos un poco mas utópicos, se necesita el que luchemos por algo más alto que por la simple ración del pesebre diario, que por supuesto hay que tener, pero que ello no puede condicionarnos hasta el extremo de que no veamos más allá del día a día. Eso jamás fue bueno para ninguna sociedad, eso, lo que crea son ciudadanos inmóviles, conformistas, sin ilusión por nada ni por nadie que no sea el satisfacer su instinto voraz de supervivencia a costa de los demás. Así, no se va a ninguna parte, así, con la «andorga» llena, se obnubila el entendimiento, se aletargan los músculos, se prostituye la voluntad, y lo que es peor, se deja uno hasta que le den por el culo con tal de seguir tirando... ¡Qué mas da!. «El caso es que yo esté a gusto», lo demás: «Me importa un pimiento». Amigos: con ese conformismo y con ese egoísmo instalado de por vida en cada uno de los bercianos y de los leoneses, vamos abocados directamente a buscar nuestra ruina moral como personas, y lo que es peor, les estamos haciendo la cama a nuestros hijos para que vivan en un entorno donde sólo primará lo banal, las apariencias y lo artificioso, en donde los valores tradicionales de la palabra, el trabajo, la honradez, la bondad humana, quedarán constreñidos a ser cualidades para ·poner un museo en cada pueblo.
Por cierto: los museos son los que «pitan» en este momento en León. Malle va a un pueblo que sólo mira para atrás y no se le ocurre otra cosa que hacer museos de las cosas que, por su ineptitud y abandono, dejó perder... Eso, amigos, es el principio del fin... Punto...