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Primer aviso en la España sumisa

08/12/2018
 Actualizado a 19/09/2019
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Podríamos acudir a cualquier otra semana del año, para constatar cuán convulsa es la realidad de la nación, mas vamos a atender, por su inmediatez, a la más reciente actualidad. Dos acontecimientos han merecido, de forma preferente, la atención de los medios informativos: las elecciones autonómicas andaluzas y la conmemoración del 40º aniversario de nuestra Constitución. Junto a ello, una serie de sucesos, aparentemente de menor calado, no carecen de relevancia.

El resultado electoral de Andalucía ha deparado una sangría de votos para el PSOE, la versión castiza podemita, y el PP; al contrario, Ciudadanos ha duplicado con creces su representación y un nuevo partido, VOX, que parece salido de las catacumbas, ha cosechado un éxito inesperado, de suerte que se convierte en la llave para un nuevo gobierno (del PP y Cs); eso se barrunta, a no ser ocurra algo tan improbable como que el Partido Socialista andaluz vote al candidato centrista y los podemitas comprometan su abstención.

Sea cual fuere el gobierno que regirá los destinos de Andalucía, importan las reacciones, es decir, si un resultado electoral, que puede suponer un cambio en la administración regional, es respetado. No parece que sea así: Iglesias Turrión aprovechó la ocasión para recuperar fuelle, destensado desde que habita una villa en latifundio urbano, y ha identificado el resultado electoral de VOX con el resurgimiento del fascismo. Las consecuencias de su proclama han sido destrozos en elmobiliario público de algunas ciudades, cuando no daños a establecimientos y peligro «para la integridad física y vital» de los trabajadores de los comercios.

La conmemoración de nuestra Constitución no ha sido celebrada por todos los diputados. Como es habitual, los cinco electos del PNV no asistieron, tampoco los separatistas catalanes, en su versión antigua, Esquerra, o ‘naif’, Pedecat, que suman 17. Los dos del partido Bildu, los cuatro valencianos de hijuela podemita, Compromís, y los doce catalanes de En Comú Podem, también hicieron novillos. En cuanto a los de Iglesias Turrión, en su derecho, fijaron en la solapa una chapa, como emblema republicano, plagiado de una marca comercial; idéntica insignia lucía Garzón, de IU, palafrenero del líder morado. Nada que recriminar, si bien, como es habitual en ellos, para llamar la atención representaron una vez más su jerigonza desde las gradas del corral de comedias.

Sin tanto ringorrango periodístico, no son menudencias otros aconteceres de estos días. Por mencionar algunos: PNV y Bildu aprobaron en el parlamento vasco una moción, que recoge la apreciación de una «base antidemocrática e históricamente falsa de la Carta Magna». El Rufianesco, de avinagradas astracanadas, ha llamado carceleros a cuantos asistieron a la conmemoración constitucional; Otegi, exmiembro de la rama político-militar de ETA, abundó en la misma idea, y Torra, para quien somos hienas con una tara en el ADN, ha manifestado que nuestra ley de leyes es para los catalanes una jaula; igual trino ha gorjeado Puigdemont.

No solo asistimos a declaraciones: el partido centrista acaba de sufrir las iras de exaltados en el Liceo barcelonés; en Gerona y Tarrasa los ‘mossos’ tuvieron que contener a violentos con buenos mamporros, para que no agredieran a ciudadanos que querían celebrar, públicamente, la Constitución. Con la paradoja de que su jefe máximo, Torra, ahora abre una investigación contra ellos para sancionarlos. Al tiempo que suceden estos y otros acontecimientos, la asociación de la guardia civil, y la UGT, navarras, solicitan al Gobierno paralice el expediente de traspaso de las competencias de tráfico, que supondría una victoria para el gobierno foral, pro independentista y con animosidad ‘histórica’ hacia este eficaz cuerpo de seguridad nacional. Con la habitual zorrería, el PNV presiona al Gobierno para el traspaso de la dirección de las cárceles vascas.

Esta rabiosa actualidad que sufrimos: ¿quién la pone en solfa?; ¿son mayoría?, ¿o es una minoría que impone, indirectamente, sus criterios a la nación? ¿Y por qué?, ¿y a cambio de qué? Por el problema endémico, de falta de sentido de estado de cuantos, antes y ahora, dirigen los partidos constitucionalistas; hoy es uno, y ayer, para mantenerse en Moncloa, fueron otros. Nuestra ley electoral, sin segunda vuelta, tal y como está concebida, no garantiza tampoco al ciudadano que al final sepa quién le va a gobernar, de suerte que se efectúan los pactos más estrambóticos y dañinos, como sucede actualmente por todo el territorio nacional.

Ante tanto descontento acumulado refulgen, como una espoleta, partidos como VOX, que al rebufo de ofrecer soluciones expeditivas para cuestiones como la unidad nacional, pretenden un retroceso en los derechos individuales y sociales. Como al diestro que recibe de la presidencia, con pañuelo blanco y clarín, el primer aviso, antes del segundo y el tercero, para no devolver, maltrecho, al toro a los corrales, han llamado la atención con su voto, o silencio, muchos andaluces. De persistir en los pinchazos al electorado, muchos más votantes en la España sumisa cambiarán de tercio y lo fiarán todo a otros toreros.
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