Si los mundos que construimos a través de nuestras lecturas se convirtieran en lugares reales, trascendiendo nuestra imaginación, con su mapa, sus coordenadas, sus características geográficas, meteorológicas y sus habitantes… después de leer Cordillera (Marta del Riego), habría un lugar llamado Osa.
Dice Marta del Riego que Osa no habla como los seres humanos, pero tiene o es voz; que no posee bandera, pero tiene o es territorio; que se debe a su superveniencia y a la supervivencia de sus hijos, de su bosque, de su Cordillera.
Dice Osa: “Soy roca y cobijo a mis crías, seres que flotamos en el mismo río flotamos y flotamos hasta que llegue la luz.”
Lo dice con voz en off, con voz mineral a través de su hocico afilado, con voz de hembra, de bosque, de montaña, de territorio.
El territorio se hace presente, en Cordillera, desde lo rural como espacio dotado de significado, de identidad y de naturalidad para el transcurso de los acontecimientos que competen a la vida.
Casi sin poder evitarlo, quizá inducido por la actitud de algún personaje secundario, la lectora puede reflexionar en el transcurso de la lectura sobre los distintos ritmos que se dan en dos escenarios, el rural y el urbano, este último, sobre todo, antinatural y de consecuencias histriónicas; el otro, más coherente y quizá por eso más inclemente con todo aquello que le distrae de su último fin. Dice Osa: “Eso no va a volver a suceder, aprendí la lección” Soy más sabia, he vivido más años. La ley de la montaña es dura, pero justa: si yerras una vez y sobrevives, aprendes.”
Volver a casa. Volver a Osa, al territorio y su lenguaje, a su magia ancestral que se dibuja en el cielo en las noches de verano. Como si fuera, o mejor dicho, siento este el espejo de esa grandeza inabarcable a la que solo se llega a través del corazón: Querida Osa Mayor, cuando sea mayor, yo también quiero ser como tú, un compendio de estrellas que transita por los bosques en las tardes de verano y habita las entrañas de la montaña cuando el frío arrecia.Volver a significar el territorio como lo hicieron nuestros antepasados desde el respeto y la sabiduría.
En Cordillera también se señala la maldita excusa de la despoblación, que en ningún momento ha sido cierta (no así el abandono de la Administración), pretexto para el expolio y el pillaje de las feroces políticas capitalistas. Ser pocas no es sinónimo de ser ninguna, ni de estar solas, pues Osa nos acompaña en cada exhalación como el latido mismo al que pertenecemos.
Así que al calor de esta lectura de Cordillera y su mensaje trascendental, desde la verdad objetiva que es lo rural de la provincia de León y Palencia, nos reunimos en la iglesia de Castro del Contado a falta de mejor escenario (pues no se nos ocurrió otro superior) en una tarde lluviosa del mes de mayo del año 2026 los Clubes de Lectura Rurales de:
Guardo, Santivañez de la Peña, Sahagún, Club de Biblioteca de Sabero, Club Astura de Sabero, Club de Ensayo de Cistierna, Boñar, Barrillos, Villaturiel y Castro del Condado con la autora de Cordillera, Marta del Riego. Bajo la atenta mirada del Arcángel San Miguel, que desde su sitio en el Retablo Mayor de nuestra iglesia, mientras seguía nuestra interesante conversación, pisaba con energía el pescuezo a un diablo que nos pareció a nosotras que era las mismísimas macro granjas, los parques eólicos, los incendios devastadores, los acuíferos contaminados, los aerogeneradores de más de doscientos metros de altura, los paisajes desmontados para la implantación de autopistas, los km y km de marañas de cables subterráneos…
Querido Arcángel San Miguel, no queremos vender nuestro respeto, ni que nos falten a él; ayúdanos a conseguir que comprendan esto, por favor. Amén.