Trece horas del martes carnavalesco. Acabo de tirar a la papelera, de borrar el texto que ya remataba para mañana, su hoy de ahora, querido lector, si es que me lee en fecha. Acabo de ponerme a festejar la vida con inmensa gratitud. Y todo, porque acabo de escuchar en Radio León, en la SER, la entrevista que Chechu Gómez (mi pasaporte a la consciencia diaria, allá a las 7:20 minutos cada día, aun despierto lleve ya un buen rato) le acaba de hacer a Héctor Escobar, el recién premiado como ‘Leonés del año 2025’. Y, por ella, quiero darle las gracias al jurado de dicho premio por su cabal fallo de ayer y todavía más justo hoy; y a Chechu Gómez por descubrirme, con su entrevista, benignos aspectos humanos de quien, aun las prisas con que siempre hablamos, creía yo conocer un poco, el premiado, Héctor Escobar, «toda una suerte mayúscula de paisano», «!todo un Hombre!», como acabo de agradecerle, de hacerle constar por ‘guasap’. Y ahora, dudo, me pregunto ¿quién habrá sido el premiado?, ¿el hombre con nombre y apellidos o la ciudad y los ciudadanos que con él cuentan? Servidor, conste, se da por premiado. ¡Ay si además de leoneses o asturleoneses o de dónde usted quiera, fuéramos menos cazurros, menos retorcidos para con los demás, para con esos otros que Sartre decía son nuestro infierno. Acaso así nos durase más el libérrimo espíritu carnavalero y, lo que sería mejor, sin necesidad de disfrazarse de lo que no se es.
Y ya puesto, sigo festejando. Cavilaba yo si cogerme vacaciones opinatorias de hoy al dieciocho de marzo –un mes, tres artículos, tampoco sería tanto– y ahorrarme así ‘pre-’ y campañas que, a lo sumo, me sublevarán al australiano Barrett con quien convivo agriándome aún más el carácter, cuando, ¡aleluya, aleluya!, leo, con motivo de la concesión del ‘XI Premio de Periodismo de Opinión Raúl del Pozo’ a Javier Cercas, ese escritor que tantos ‘relatos reales’ nos ha escrito, que dice: «El novelista no debe tomar partido, el columnista tiene que hacerlo». Tomar partido no en el sentido de tomar siglas políticas, sino de determinarse o resolverse ante las muchas cuitas que la política plantea en nuestras jornadas y vidas; en el de aquel «maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse» de Gabriel Celaya que tan bien y tanto nos cantó desde el exilio Paco Ibañez. Cómo no festejarlo cuando tanta pécora y borrego aulla, eso sí, desde el más estricto y cacareado apoliticismo.
Ya ven, por fortuna, hay premios que a uno, de varia manera, lo premian. Le enseñan.
¡Salud!, y buena semana hagamos.