¿Era necesario, con tu camiseta negra del último disco de mi banda de cabecera, obligarme a escribir sobre esto y no sobre los entresijos mafiosos del deporte que se juega en este mundial? ¿Era necesario, señor de tez blanquecina y bermudas demasiado cortas, empujarme con tu mala conducta a ejercer la justicia social? ¿Era necesario, con el mal día que tuve aquel día, hacerme testigo de una ignominia, cómplice de un vándalo, si es que hubiera decidido callar? ¿Era necesario, hombre de mediana edad a la espera de recoger la colada, meterme en ese compromiso, entre la espada y la pared que fueron aquella tarde el alzar la voz y el no hablar? ¿Era necesario, sentado como estabas en el sillón rojo de la lavandería, sacar el móvil para hacerle fotos a una chica despistada que se dispuso a dejar un paquete en una de las taquillas del lugar?
¿Fue su espalda al descubierto, en plena ola de calor, lo que propició tu salida de tono? ¿Fueron sus ojos rasgados de estética exótica y delicada los que detonaron tu intromisión a su intimidad? ¿O es que quisiste mancillar el nombre del grupo que yo tanto escucho para aleccionarme; para demostrar que lo que se ve de ti no siempre tiene que ver con lo que eres en realidad?
¿Qué fue, vecino del barrio, lo que te llevó a inclinar el teléfono cuando me viste llegar? ¿A esconder la pantalla, desviándola de mi mirada inquisidora, cuando me percaté de los hechos? ¿Qué fue lo que alimentó tu incesante necesidad por capturar en el universo digital a una joven de apariencia inocente que podría haber sido tu hija, si es que tuviéramos la mala suerte de que fueras padre, si es que no lo eres de una chica de su edad?
¿Por qué quisiste justificarte cuando decidí enfrentarte? ¿Por qué no te disculpaste cuando presenciaste su rostro de estupefacción? ¿Por qué ni siquiera te alarmaste, balbuceando como balbuceabas una incomprensible explicación? ¿Por qué cuando me percibiste iracunda no decidiste marcharte y fue ella la que tuvo que huir? ¿Por qué sentí yo tanta lástima por lo sucedido y tú permaneciste imperturbable? ¿Por qué, hombre de mediana edad que fotografiaba a una joven que podría haber sido su hija, me llegaste a dar pena? ¿Por qué no llegué a creerme del todo mi firme sospecha, habiéndome convertido en testigo directo de tu deleznable actuación? ¿Por qué sigo dudando ante pruebas irrefutables? ¿Y sintiéndome mal por haberte hecho sentir mal a ti?
¿Por qué, vecino, tiene esa chica que aguantar esto? ¿Por qué yo tengo que aguantar esto? ¿Por qué tenemos que aguantar esto?
¿Por qué tengo que esperar a la semana del ocho de marzo para escribir una columna como esta? ¿Por qué, si cosas como estas, de verdad, suceden cada día?
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