(Envejecer, aunque sea bruto su uso para un principiante, consiste en ir viendo cada instante como único, irrepetible, como el último en esos preceptos tan concretos del tiempo y del espacio).
Sella. Surcando unas aguas frías, asturianas, bajo cielos encapotados, asturianos, circundados por un verde respirable, abismal, monumental, asturiano. Más que el descenso de un río, sin las horas de sueño correspondientes, pudiera ser una caída hacia los bajos fondos del alma. La reflexión, la duda, la aporía de una vida que depende de ti o el óxido de una vida indescifrable.
Kupalište Mala Raduča. Manos apoyadas sobre las piedras de una playa del adriático, piernas extendidas, miradas hacia el horizonte mientras el sol se iba escondiendo tímidamente en un mar cristalino que rutilaba ese resplandeciente brillo. En el lado derecho chiringuitos no tan croatas, en el lado izquierdo la exquisita península de Primosten siendo ganada por la penumbra, al lado los niños en guerra de fotos, contestando mensajes o inmortalizando eso que tal vez nunca más veríamos.
Dubrovnik. Mañana o tarde, mismo ardor, mismo sudor, mismo instinto de dejarse de ropas. No había otra opción que soportar esa canícula infernal recorriendo las murallas de una ciudad que sin las tiendas de imanes sería un viaje a la edad media. Qué calles, faltaban los comerciantes, el olor y la miseria. Una ciudad que a pesar de la adaptación turística, no autodestruye su centro moral, su espíritu, lo esencial de su significado. Aprendan aquí.
Eclipsados. Sin saberlo caminábamos, forzando esa cuesta, hacia un simulacro de apocalipsis, sin efectos especiales, sin tener que meternos a leer o ver La Fundación, Dune, Blade Runner… Se hizo de noche en unos segundos, el verano se congeló, los asombros de una ensoñación que no lo era. «Recordarás esto toda tu vida», dije al niño siempre risueño que tenía detrás. «Sí, Cucu, sí», mientras me daba unas palmadas en la barba.
Melancólicos de fe. Felices. Y por fin se reunieron todos, más altos, niños más hombres, hombres más niños, unidos por un lugar que es ese sentimiento que junta los corazones. En unas tardes de verano, en unas fiestas para unos pocos (mejor), en un retiro confesional e inconfesable con una barbacoa que por fin salió sin calcinar. Esas sonrisas quedan en la foto, la eterna.
Nolan. El amor es lo único que somos capaces de percibir que trasciende las dimensiones del tiempo y del espacio – Interstellar. En lo bueno, lo malo, los problemas, conflictos o conjunciones, el viaje a donde sea no se hace sólo. He de reconocerme un privilegiado por éstos.
(Si me quieres, te quiero por dos, si haces, hago por dos).
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