Da la casualidad de que además el circo electoral tiene como epicentro del humor un lugar en el que he pasado unas cuantas horas. Como orgulloso exalumno de Pastorinas, puedo confirmar y confirmo que manejamos las habilidades aritméticas básicas que permiten sacar adelante con éxito una jornada electoral. No culpen al teatro, mejor a los actores o al guión.
En el colegio viví, siendo aún muy pequeño, mis primeros escarceos con la democracia. Éramos niños, bastante tontos y por tanto creíamos que nuestra acción revolucionaria podía cambiar el resultado de unas elecciones. Los días antes, cuando se instalaban las urnas y llegaban las papeletas, hacíamos ‘desaparecer’ las de la opción que menos nos gustaba sin saber que solo había decenas de cajas más tras la puerta. Creo que el delito ha prescrito hace tiempo, pero quizás Vox aún está a tiempo de agarrarse a aquellas papeletas para no recibir el premio ‘Parecía que sí’ 2019. Y el PP de llevarse un alegrón.
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