julio-cayon-webb.jpg

Por maligna costumbre

14/06/2026
 Actualizado a 14/06/2026
Guardar

Ya hay carrete. Y hay hilo del que tirar. El revuelo está servido. El pacto entre el PP y VOX en Castilla y León va a atomizar los sentidos de todo quisque, sea o no ‘afecto’ a la causa y sus consecuencias futuras. El catón de siempre. Y es que, como es natural y sin reparos, de todo hay en esta viña del Señor llamada (aún) España, a pesar del malévolo juego de desintegración y deshonra a que se ve sometida de unos años para acá. Ahora bien, cargar las tintas de forma inmisericorde contra el reciente acuerdo, denunciándolo y menoscabándolo, raya el esperpento. Mejor sería ahondar en el porqué del asunto, con el fin de hallar el resultado de la ecuación. Que no es tan difícil: hartazgo.

Y así como Sánchez (el PSOE es otra cosa y se verá en su día) defiende -y repite sin atragantamientos- que las urnas hablaron en el año 23 y de ahí que él se mantenga en el poder (de aquella manera, se podría apuntalar, porque perdió los comicios), lo mismo puede decirse -pero aquí con rotundidad manifiesta- del reciente resultado electoral en Castilla y León, donde las urnas examinaron y los votantes otorgaron una mayoría sobrada a las derechas. Más de veinte puntos de diferencia. En una lectura abastardada -que es la que aplican los arrumbados por la voluntad popular de los sufragios- cabría decir que el territorio que gobernará de aquí en adelante la dupla PP-VOX es un nido de fachas. O peor, una tenebrosa selva. O un infierno. Pues no. Ninguna de las tres cosas. Y el tiempo dirá. 

Al margen de ideologías y preferencias, resulta cuando menos curioso las barbaridades que se leen y se escuchan del partido que lidera Abascal. También se habla del PP, claro, si bien las afirmaciones, en este caso, se templan de diferente manera. Se suavizan según convenga, pero nunca llegan al disparate que se le dispensa a VOX. Y todo ello viene a cuento porque los sanchistas, que, no obstante, ya están viendo el estropicio que se les viene encima, defienden con uñas y dientes que Bildu, por ejemplo, socio preferente de Moncloa, es una formación legal y democrática (¿VOX no?), a la que no se le puede poner ni una coma en su recorrido. Resultaría inútil, por sabido, repetir los antecedentes y andanzas del ‘equipo’ comandado por Arnaldo Otegi y sus fieles correligionarios y simpatizantes.

Total, que a los de la ‘extrema’ se les quiere fulminar «porque son una vergüenza del panorama político nacional». Pero no lo es que Sánchez se abrace con los herederos de la barbarie, saliera de naja de Paiporta, dejando abandonados a quienes habían sufrido la catástrofe, o incumpla la Constitución. Eso no. Él es así. La misma desvergüenza que tuvo para con los fallecidos del accidente de Aldamuz y sus familias, a los que dejó tirados como hojas marchitas, en la celebración del funeral de Estado. No cupo mayor indignidad hacia las víctimas. «Es que es ateo», vocean los aduladores. Empero, para acudir a la basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona, el pasado miércoles, no tuvo problemas de conciencia. Un hacha, este Sánchez. Un lince. Pero el malo de la película es VOX. Como de costumbre.

Archivado en
Lo más leído