Imagen Juan María García Campal

Por fin. Esperanza por fin

07/10/2026
 Actualizado a 07/10/2026
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No cunda el pánico. Ni por asomo se me ocurriría escribir, y aún menos de forma crítica, de la nueva indumentaria –supongo que solo exterior– que para festejos varios y principales ha estrenado o inaugurado el siempre poco ponderado señor alcalde de la ciudad de León con motivo del festejo de ‘Las Cantaderas’ o, quizá mejor, para superior y mayor autentificación y lucimiento de su apego a lo leonés más atávico durante su ida y venida a la ceremonia o batalla dialéctica del Foro u Oferta a representar junto al cabildo catedralicio.

No, no cunda el pánico. Comprenderán que no estaría bien que, ante la inesperada convocatoria de elecciones generales, este «incurable aprendiz de escribidor» que tanta lata, si no cabreo –de la segunda acepción, obviamente– les brinda alguna que otra semana con cuestiones políticas de vario ámbito territorial, hiciera mutis por los márgenes. Así que vayamos al grano, digo a las urnas.

Conste que estoy encantado con la convocatoria de elecciones y por eso, al menos, la primera parte del título se lo copio a un «conjunto o agregado de personas que siguen y defienden una misma opinión o causa» o partido –Popular, es el caso– con el que –aquí también «por fin»– comparto un algo: una esperanza, ese «estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea», aun cuando el deseo del que brota cada una de nuestras expectativas no pueda ser más dispar. Qué se va a hacer. Son las generosidades del idioma español. El significado de un término, esperanza, nace y vive con varios orígenes o de varios deseos. Le pasa también, por ejemplo, al significado de la palabra «cambio». Es obvio y claro que cuando el partido antes citado dice desear un cambio no se refiere al mismo cambio que yo deseo, pues ellos pretenden «convertir o mudar algo», digamos los derechos conquistados, «en otra cosa, frecuentemente su contraria». Y no digamos ya el conjunto o agregado de personas que le marca al PP paso y desvarío, es decir, la derecha extrema que Vox y otros representan, y yo sin embargo deseo que profundice en ellos para todos, mi patria, y, a ser posible, sin depender del interés o capricho de los representantes de ningún nacionalismo, pues para mi desgracia sigo siendo y sintiéndome jacobino en el sentido de que prefiero un Estado centralizado sin tantos, con perdón, reinos de taifas. Y, por cierto, qué claro quedó en el debate de los decaídos decretos lo vigente que sigue la lucha de clases. Ya ven, don Carlos y don Federico: vivir para ver.

¡Salud!, y buenos días hagamos.

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