Ponferrada D’or, ciudad segura

06/10/2026
 Actualizado a 06/10/2026
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Segura. Ponferrada se apellida así y no es de ahora, pero últimamente hay mucho empeño en recordarnos su capacidad para permitirnos llevar la cartera por fuera sin disgustos asociados. Ponferrada D’or es una ciudad para vivir, aunque de vez en cuando te borre el flequillo un BMW en un paso de cebra o un patinete no distinga demasiado bien entre acera y carretera justo cuando tú utilizas el que debes. Son los daños colaterales de ser ciudad, de tener un parque móvil que supera los 41.000 vehículos y de tener también mucha mala baba egoista campando a sus anchas por las calles. Vamos, que ser ciudad tiene su precio. Y eso implica que, a veces, para ser una ciudad segura basta con rebajar un poco los requisitos.

Podemos ser seguros con nueve detenidos por violencia de género en dos meses de verano o con 256 requerimientos para niquelar fincas y sacarlas de su condición de potenciales polvorines. Eso sí, hemos superado aquella ola de botellones que cada fin de semana desquiciaba a los agentes.

Los atropellos tienen su aquel también. Cuando cuentas uno, este se imanta en una rueda desastrosa y empiezas a ver una fila india de ellos. La estadística, sin embargo, tiene esa costumbre tan poco poética de poner cada cosa en su casilla y recordarnos que los números no siempre casan con las percepciones. Hay cosas que suceden y otras que se perciben. Y entre ambas hay una frontera que no siempre sabe dibujar una hoja de Excel.

Así que sí: somos seguros. Incluso cuando preocupa lo más lamentable. Esa carcajada del ladrón frente al robado cuando descubre una vulnerabilidad y decide aprovecharla. Eso sí que desencaja el sistema. Porque entonces no basta con patrullar, identificar o detener. Hay que cambiar el rumbo, remangarse y poner la mira en otra diana.

Los mayores y la soledad…y ese deseo de compartir. Una caricia de un jeta y la cosa empieza a tomar color. Un ‘te quiero’  con pintas de amanecer, y ya está hecho. Puerta abierta a la estafa. 

La facilidad que dan las redes para pescar siguen suponiendo un rompe escudos. No hay quien frene una venta de la nada ni quien recupere el importe de un sueño. Se queda en esa nebulosa de las ondas y la magia de pasar de un ordenador a otro y de ahí a un deseo convertido en un whasapp…Una locura de la informática que da, pero que también quita. 

Pero vivimos en territorio seguro, algo descalzos, algo desnudos sí, pero con el corazón convencido de que este es nuestro destino y que cuidarlo también depende de cómo sepamos hacer sociedad.

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