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Poner primero lo primero

16/05/2023
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Las semanas pasadas les hablé de los dos primeros hábitos de esos siete de la gente altamente efectiva según Covey: «ser proactivo» y «comenzar con un fin en mente». Hoy trataré del tercero: «Poner primero lo primero».

El primero de ellos nos dice que cada uno de nosotros somos los creadores, que estamos a cargo de todo y, por tanto, que podemos cambiar nuestra situación; el segundo, por medio de la imaginación y nuestra conciencia moral, supone el contacto profundo con nuestros paradigmas y valores básicos, y la visión de aquello en lo que podemos convertirnos. El tercer hábito es «la segunda creación», la física: es la realización, la actualización, la aparición natural de los dos primeros hábitos. Es el ejercicio de la «voluntad independiente que pasa a centrarse en principios». En palabras de E.M. Gray, «La persona de éxito tiene el hábito de hacer las cosas que a quienes fracasan no les gusta hacer (…) No necesariamente le gusta hacerlas. Pero su disgusto está subordinado a la fuerza de sus principios».

Este hábito aborda cuestiones relacionadas con la administración de la vida y del tiempo. Se trata de organizar y ejecutar según prioridades: es preciso decidir cuáles son las «más altas», y tener el valor de decir «No» a otras cosas, con buena educación, sonriendo, y sin dar excusas. Para hacerlo, hay que tener un «Sí» más grande ardiendo dentro. A menudo, «lo bueno» es enemigo de «lo mejor». Al fin y al cabo, el modo en que uno pasa el tiempo es la consecuencia del modo en que uno ve su propio tiempo y sus prioridades.

Covey habla de la semana: «La clave no es dar prioridad a lo que está en la agenda, sino ordenar en la agenda las prioridades. Y esto puede hacerse mejor en el contexto de la semana». Para esto, lo primero es identificar nuestros roles (individuo, miembro de una familia, esposo, padre, hijo, en lo profesional, en la Iglesia etc.). Después, seleccionar metas en cada rol y hacer una programación temporal.
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