Según el diccionario, un polvorín es «un lugar o edificio preparado para guardar pólvora y otros explosivos». Basta una chispa o una pequeña llama para que explote. Pues eso es prácticamente toda España. Basta una pequeña chispa o llama, ya sea de forma involuntaria o intencionada para que todo empiece a arder. No hace falta dinamita. Basta con el abundante combustible de maleza y vegetación que se extiende por todas partes. Estos días llevan el protagonismo Madrid, Ávila, Toledo, Guadalajara, Castellón… Otros años ha sido León, Zamora, Galicia… Pero la mayoría de nuestros pueblos son excelentes candidatos a los incendios. Está claro que para solucionar el problema no hay que esperar a que se enciendan las llamas. De momento, da la impresión de que no se está haciendo prácticamente nada, pero no podemos resignarnos. Dejando a un lado la política partidista, los técnicos deberían sentarse para analizar el problema y buscar soluciones eficaces, cueste lo que cueste, y los políticos ponerse de acuerdo para que se lleven a la práctica.
La primera y más urgente labor es la limpieza de los montes, pasando por alto el fanatismo de muchos ecologistas, obsesionados con la conservación de la maleza combustible. No es tarea fácil, pues hace falta mucha maquinaria y mano de obra; pero no tiene sentido vivir de las paguitas, sin aportar nada a cambio, cuando hay tanta tarea pendiente. Ese material que ahora se quema en los montes debería ser tan aprovechable como el petróleo, el carbón, el gas… ¿Acaso no sería mejor que se quemara en centrales térmicas habilitadas para este tipo de combustible, en lugar de provocar tanta ruina y desolación en el paisaje o en las poblaciones?
Otra cosa que echamos de menos son los cortafuegos, adecuadamente repartidos. Mejor es perder un trozo de bosque que perderlo todo. Hace años, se inició un fuego en la parte más occidental de la sierra de mi pueblo. Nada más verlo me acerqué con otra persona con el coche por un camino entonces transitable. Estaba ardiendo un pinar al otro lado del cortafuego. Gracias este espacio limpio pude entrar y encender con un mechero el pinar por el lado más cercano que todavía no ardía, aunque estaba a punto. Pues bien, se formó un contrafuego y las llamas ya no avanzaron. Algunos años más parte ocurrió algo parecido. Nadie intervino. Vinieron bomberos, helicópteros e incluso la UME. Ardió toda la sierra durante varios días. Los cortafuegos habían desaparecido.
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