Jorge Brugos

Pollán no quiere ser un poeta muerto

02/03/2026
 Actualizado a 02/03/2026
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A Carlos Pollán le acaba de llegar una notificación en el campus virtual de Vox en la que adelantan nuevas reformas respecto a planteamientos caducos. Como alumno aplicado, hinca los codos estudiando el nuevo ideario; no quiere correr la misma desdichada suerte de colegas suyos de otras regiones que se han quedado rezagados, herederos de una etapa de la formación conservadora que es cosa del pasado.

En Vox cumplen la premisa de «reinventarse o morir» a la máxima potencia; salvo Santiago Abascal, la mayoría de los primeros espadas han sido encerrados en el baúl de los recuerdos. No he ido nunca a su sede nacional, pero estoy por apostar que se parecerá a esa escena de ‘El club de los poetas muertos’ en la que el señor Keating, encarnado por el legendario Robin Williams, invita a sus alumnos a contemplar las estampas de sus antecesores, a esos por entonces adolescentes que calentaban los mismos pupitres en los que su calor todavía sigue latente.

Me estoy imaginando a Abascal paseando con Pollán y, en lugar de utilizar el proverbio latino Carpe Diem, tirando del Tempus Fugit, ese tiempo fugaz que ha hecho que su antecesor en el cargo, Juan García-Gallardo, haya pasado en menos de dos años de ser uno de los futuribles líderes del partido a repudiado y apestado a espía del PP. En cuanto el por entonces vicepresidente de Castilla y León empezó a destacar y a no bailarle el agua al cabecilla de su partido, dejaron que se ahogara en esa misma agua que no bailaba, como ha pasado en Murcia con José Ángel Antelo.

Da la sensación de que en Vox quieren personalidades que destaquen pero que no se excedan en su carisma, que sepan que no son más que unos teloneros al servicio de la voz cantante que lleva Abascal. En esta partitura compuesta y diseñada a la medida de su líder, toda nota más alta que otra que desafine debe ser apartada. Es curioso cómo en los carteles en redes sociales que anuncian la procesión itinerante de Vox en la campaña solo aparece Abascal, sin rastro de su candidato. Ese personalismo orgánico y crónico ya se ha demostrado canceroso para las formaciones, como reflejó la caída en desgracia de Ciudadanos ante la marcha de Albert Rivera; la diferencia es que Abascal nunca se va a ir de Vox.

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