Es abismal la diferencia que hay entre profesionales que se meten a política y las personas que convierten la política en su profesión. Además, se da la casualidad de que algo que suele diferenciar a unos y a otros es su formación y, sobre todo, su vida laboral. En este punto es donde hoy quiero detenerme, aprovechando que está de actualidad la dimisión de la diputada del PP Noelia Núñez por haber mentido en su currículum.
Cada cierto tiempo sobrevuela el debate sobre si los cargos públicos que ocupan ciertos puestos deberían contar con una formación académica mínima. La vicepresidenta Yolanda Díaz afirma que este es un debate de clase y horrible, opinión que respeto pero no comparto, ya que creo que es un debate sin más y que no necesita adjetivos calificativos.
A mí, si me dan a elegir, prefiero que nos gobiernen las personas más preparadas posibles, al igual que me gustaría que los jefes de la empresa en la que trabajo sean los más capacitados. Es una evidencia empírica que hay más posibilidades de que las cosas salgan bien cuando quien las planifica es una persona con una formación contrastada.
Esto no quiere decir que tener, por ejemplo, un título universitario ya te dote de unas cualidades excepcionales. Es más, conozco gente que ha pasado por la Universidad y son unos incompetentes que no han sido capaces de batirse el cobre en la arena del sector privado. Pero, ¿saben dónde están precisamente muchos de estos? Sí, en la política. No hay más que revisar los currículums de nuestros políticos para descubrir que, con estudios o sin ellos, muchos han hecho de la política su profesión y su forma de vida.
En este debate hay quienes esgrimen el argumento de la ‘titulitis’. Seamos honestos: tener una carrera universitaria no te otorga un don divino, pero conseguir un título tampoco te convierte en un proscrito ni en alguien de quien debas avergonzarte. Además de la formación académica, existe otro tipo de formación que te la da el esfuerzo y el sacrificio diario para ganarte la vida dignamente desarrollando un trabajo, ya sea en un supermercado, poniendo ladrillos o limpiando oficinas. No sé si a Yolanda Díaz también le parece este debate de clase y horrible, pero si no queremos pedir a nuestros políticos que tengan cierta titulación, sí deberíamos exigirles, al menos, que tengan una consistente vida laboral anterior a entrar en el mundo del politiqueo. Así serían conocedores de los problemas reales de la gente y no se aferrarían al puesto por miedo a no saber cómo ganarse la vida si dejan la política.