Se acercan tiempos de elecciones. Las primeras, en Aragón, a la vuelta de la esquina. Luego, vendrán las de Castilla y León el 15 de marzo y, más tarde, a mediados de año, las de Andalucía. Serán algo así como el proemio de unas municipales, que en poco más de doce meses colapsarán el país de actos electorales, mítines y urnas. Y un saco de promesas falsarias.
En este sentido los partidos políticos –tanto los que ‘mandan’ como los que no–, están en permanente campaña. Sin descanso. Un sinvivir, que diría Marcelo, parroquiano del Mercado y héroe reconocido de la batalla de El Escamplero. Incluso y por arte de birlibirloque las formaciones se han convertido en protagonistas indiscutibles tanto de la sociedad civil como de los medios de comunicación, que abren portadas con el mismo soniquete. Pero es lo que hay y ya no se para ni a comer bocadillo. Fabricación en serie.
En cualquier caso sí es cierto que no en todas las organizaciones se hila igual de fino. O no se utiliza de la misma forma el sentido común y se actúa en consecuencia. Y a veces –muchas– sin saber el cómo ni el porqué de las decisiones. El editorial de este periódico del pasado jueves, resolvía en pocas líneas la situación de la política local en relación a Feve y la tomadura de pelo –y burla– por parte del Gobierno. El sueño de que el tren alcanzase la estación entre Padre Isla y Renueva, se va a quedar en eso: en una siesta amodorrada con pesadilla incluida. En tanto los dos grandes partidos miran para otro lado y silban, la UPL intenta abanderar el movimiento vecinal, que hoy, domingo, saldrá a la calle para una nueva protesta.
Y aquí llega la contradicción. Mientras que en las Cortes de Valladolid los leonesistas hacen del trabajo su bandera en defensa de la tierra, en la Diputación, donde gobiernan en coalición con el Partido Socialista, pasan más bien inadvertidos. Y de tal manera, que si se hiciera un sondeo entre la población, la mayoría señalaría desconocer el pacto. Aplicando, por tanto, las palabras del fallecido sindicalista y diputado Matías Llorente, cabría afirmar que ‘no hay tempero’.
Apuntaba el editorial que uno de los puntos del acuerdo entre socialistas y leonesistas –y sin duda de los destacados– era, precisamente, solventar la llegada del ferrocarril al centro de la ciudad. Pues que si quieres arroz, Catalina. Y se continúa con el acuerdo palaciego entre las partes, a la vez que la dirigencia provincial del PSOE se frota las manos. Mantener la institución provincial sin mayores sobresaltos, es una mina para su secretario general, Alfonso Cendón, máxime al concurrir el pugilato que mantiene con el alcalde Diez.
A la UPL, que se encuentra en vías de crecimiento –eso es evidente–, no le beneficia en nada esta postura tibia y conformista en el edificio de Gil de Ontañón. Seguir en el equipo de Gobierno comandado por Gerardo Álvarez Courel, roza el error. Y no tomar una determinación en el corto plazo, empuja a pensar que las cañas se les puedan volver lanzas.