A lo mejor es que hay elecciones, a lo mejor es que ahora toca. Sea como sea, a falta de viviendas, hagamos industrias.
Bueno, industrias, industrias, precisamente… No caería esa breva.
Porque polígonos en esta provincia hay unos cuantos, y de muchos de ellos se nos anuncian ampliaciones, incluso nuevos.
Claro que luego hay que llenarlos y ese es otro cantar.
Y es inevitable compararse con la villa y Corte autonómica, llorar por las oportunidades perdidas en muy buena parte por propios pecados (casi nunca reconocidos aunque razón en las quejas tampoco falten), y ver como mejoramos el futuro.
Lo he escrito más de una vez, pero lo volveré a repetir.
Allá por los años sesenta, Valladolid era una provincia agrícola: cebada, trigo y algo de regadío. La ciudad tenía unos 150.000 habitantes y León unos 100.000, la matriculación de coches en León siempre iba por delante. Aquí teníamos una economía muy completa y productiva, había agricultura, ganadería, industria de nivel nacional, centros administrativos regionales potentes y una minería del carbón muy apabullante.
Llegó entonces Laureano López Rodó, hizo una devaluación del 25 % y se inventó el Plan de Desarrollo y con él los Polígonos de Industriales, y Valladolid, a su vez y al propio tiempo, un alcalde con empuje, Santiago López, que se presentó en Madrid con su polígono ordenado y preparado ante el ministro. Blanco y en botella… pues ya teníamos el primero de España.
Y España se puso a un crecer sostenido del 7 % anual y Valladolid a cambiar de aires, mientras nosotros, aquí, dijimos (más bien dijeron), que no queríamos ni «humos» ni «obreros». Pues nada, muy bien.
Y luego llegó la puntilla: la capitalidad de la autonomía allí y nuestras industrias, minas y hasta lúpulo en el limbo de los justos, y como el que está al lado de la vaca es el que la ordeña, pues ajo, agua y resina.
En esta provincia, polígonos hay unos cuantos, algunos muy exitosos, otros no tanto, y muchas veces, la mayoría, más comerciales que verdaderamente industriales.
Hoy, ahora, se nos anuncian ampliaciones en el Bayo, Cistierna, Villablino o Cubillos, amén de Villadangos, la joya de la corona, y de la ya en marcha de tecnológico.
Otro cantar es que realmente se instalen industrias de cualquier tipo. Y algo bastante preocupante, y es la tan comentada y poco explicada falta de suministro eléctrico, porque tendría chufla que esta provincia, que siempre fue excedentaria en producción eléctrica, resulte que, por aquello de la sostenibilidad, el CO2 y demás, estemos (como el resto del país, aso sí), «a dos velas». Y nunca mejor dicho.
Aquí, aleluya, en la capital de la provincia, dos nuevos están empezando su tramitación.
Por un lado el denominado en el PGOU en vigor sector 24.01, al sur de Puente Castro, un polígono de más de un millón de metros, con capacidad para 600.000 metros cuadrados edificables, pero con algo más de 900 propietarios, lo que complica sobremanera la gestión, tanto, que anteriores intentos privados terminaron en fracaso. Es por esto que la iniciativa ha partido del propio ayuntamiento, pues no podría ser de otra manera, y de hecho, ya ha sido encargado el proyecto de actuación al estudio de arquitectura G33. El proceso de expropiaciones alargará los tiempos, pero eso en estos tiempos burocráticos es lo normal.
El otro polígono que avanza es el que se ha dado en llamar de «La Raya», por su situación geográfica, y que interviene toda la franja de suelo al oeste del trazado de la línea de ferrocarril a Galicia, desde las instalaciones de Miguelez en Trobajo del Camino, hasta el Parque tecnológico en León. Unos 500.000 metros cuadrados.
Un Proyecto que está llevando Rodriguez Valbuena Arquitectos, complicado administrativamente por estar a caballo de dos municipios, cosa siempre peliaguda, y más aún cuando la ordenación en vigor se ha hecho, en ambos, como si esa ‘Raya’ fuera el vacío sideral.
Además, se cambia el uso, pasando de básicamente de residencial a industrial, respondiendo a una realidad: la construcción de viviendas, allí, está paralizada desde hace años, y eso que hay parcelas (incluso municipales), ya urbanizadas, además del desbarajuste y casi marginalidad de la zona, mientras que el Parque Tecnológico no para de crecer y generar actividad.
Así, se plantea la actuación como complementaria y de apoyo de aquél. Para posibilitar esta continuidad, se proyecta un nuevo vial en paralelo con la vía férrea, que absorberá el tráfico, hoy complicado, tanto del centro de Trobajo del Camino, como de la carretera de Alfageme más la Avenida de los Agustinos en León.
Todo un reto
Mucho suelo industrial, que bienvenido sea. Pero primero hay que solventar el déficit estructural del suministro eléctrico que ‘disfrutamos’ , y, además, vencer esa fuerza centrípeta que la villa y corte vallisoletana tiene para la atracción de empresas, y así conseguir que se instalen aquí. Porque, si no, «vana es nuestra fe», que decía el catecismo del Padre Astete (creo).
