Los argentinos, esos tipos inclasificables, son capaces de describir el mundo en un tango o la vida en una canción. Otra cosa es a los que después eligen para que les dirijan, que no son capaces de explicarlo ni ellos mismos.
Andamos dándole vueltas a lo que no pasa y resulta que ya lo había contado ellos hace muchos años. Ahí esta el gran Julio Sosa y su Cambalache, un tango, cómo no:
«Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé
en el quinientos diez, y en el dos mil también.
Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos
contentos y amargaos, valores y doblés.
Pero que el siglo veinte es un despliegue
de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo manoseaos.
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro, pretencioso o estafador.
Todo es igual, nada es mejor
¡Lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos, qué va a haber, ni escalafón,
los inmorales nos han igualao».
Nada que añadir, señoría.
Y siempre me acuerdo de otro grande, Facundo Cabral, cuando dices eso de que vives en el pueblo y te miran con cara de mucha pena, como pensando «a dónde va a ir éste».
Y si supiera cantar... se la cantaba, una de las más famosas suya, que hizo furor hace años.
«Yo no sé quién va más lejos / La montaña o el cangrejo.
Pobrecito mi patrón / piensa que el pobre soy yo. //
Solamente lo barato / se compra con el dinero...».
Yahí si podría añadir otra cosa, de otro gran cantaor, al que la fama le llevó a conocer al presidente de su país en un concierto al que le había acompañado su madre, que se la presentó al presidente de su país.
- Mire presidente, esta señora es mi mamá;le dijo orgulloso de la gente que le podía presentar.
- ¡Qué gran placer señora! Admiro mucho a su hijo, si puedo hacer algo por usted no tiene más que decírmelo;le explicó muy amable la máxima autoridad del país.
Pero la madre del cantor, difícil de impresionar, fue muy sincera en su respuesta:
- No se preocupe señor, con que no me joda es suficiente.
No hay como la sinceridad.
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