Planeta rojo

30/01/2018
 Actualizado a 16/09/2019
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Descubrir vida en el planeta rojo, esa era la misión marcada por el aparato, que lo miraba desde el teleobjetivo invisible arropado por una tensión brava. En esa sintonía, era más que elucubrar definir ningún tipo de imagen. Tal vez porque la miopía galopa sin amortiguación como muelle para soportar la realidad social o porque es mejor labrarse una estudiada ceguera a lo Saramago, es imposible determinar cualquier latido. Mejor acercarse más, definieron los pseudotécnicos arrimados al lado gubernamental. Y sopesando pros y contras en un engañoso tentetieso, arrancaron motores. Urnas en 3, 2, 1…fire. Comienza el vuelo del PSOE ponferradino, y en la platea, soporta el descuento más de la mitad del censo. El planeta rojo sonríe y llora a paso serpenteante, anulando cualquier capacidad de predicción. Empieza ahora la cuenta hacia adelante. Once más. Es una cifra la que al final define si hay o no vida sobre la masa informe cercana al sol. Se escuchan los aplausos desde la sala de control pero, si se deja escuchar el silencio, se oye un afinado rechinar de dientes desde el lado de los que pensaban que, aunque sí había corazón, estaba alimentado por venas al otro andar. Resuelta la incógnita, alguien exhala con fuerza. Es el último aire que quedaba de la duda, que muere en ese momento para convertirse en lucha, piensan. ¿Es el final del principio jefe?, dice el ingeniero que más suda de la sala.Mira el reloj ¿cuánto rencor queda en su esfera?, pues después marca el cero, responde.

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