Confieso que ando yo algo rebotada estos días con el asunto de los Picos de Europa para los que, a instancias de los asturianos (lo cual es loable), se pretende solicitar el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad con la clara intención de fomentar el turismo. Ese es el resumen sucinto de cuantas noticias sobre esto se han publicado recientemente,a lo que se podría añadir, si acaso, que al parecer todas las instituciones que convergen en elgobierno del parque nacional se han puesto de acuerdo. Puede pensarse que faltaría que eso no ocurriera pero la realidad demuestra que la falta de consenso y la incapacidad de abordar actuaciones sólidas y coherentes han sido una constante desde que Asturias, Cantabria y Castilla y León (por respetar el orden alfabético) asumieron‘in solidum’ la gestión de uno de los espacios naturales más hermosos de Europa.
La disparidad de intereses ha sido siempre obvia y, justo es decirlo, también la implicación de los encargados de la gestión. A mí, particularmente, siempre me ha parecido que los leoneses han sido los grandes perdedores en este juego y que nuestros representantes no solamente no han peleado con garra por nuestros intereses sino que incluso los torpedearon creando una figura de protección regional homónima del parque nacional. Por eso desconfío de la palabrería hueca que rezuman las noticias, que hablan de papeleo, fundamentación, puntos de vista científico-técnicos o poner en valor (eluden la palabra «costosos») y aspiro a que dejen hablar al paisaje allende y aquende.Que nunca miente.
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