España quiere escapar del hedor, pero no puede, está sumida en un repugnante tufo a cloacas. Hay varias de diversa índole y mientras los sectarios siguen defendiendo a sus ratas, hay ciudadanos que permanecen alerta en su vigilia, se quitan de golpe la venda de los ojos, conscientes de que aquellos a quienes llamaban «los suyos» están de barro hasta las cejas.
En la novela de Albert Camus, a medida que la epidemia avanza, las personas se unen para luchar juntas contra el enemigo.
La solidaridad se hace cargo de la desesperanza. Es importante la acción individual para lograr el bien colectivo y en momentos aciagos es donde cada individuo muestra su lado más oscuro o luminoso.
Hasta las siglas parecen transformarse a tenor de los acontecimientos. PP o partido podrido. PSOE, Pedro Sánchez o España, es una elección.
El presidente ha dado orden de bunquerizarse y ante cada nuevo escándalo, audio, sentencia o prueba concluyente, la única respuesta es el silencio. No existe algo de lo que no se habla.
Cierra los ojos. Sigue. Calla y continúa.
El titular de mañana hará olvidar el de hoy. Y así vamos sumando casos: los audios de Villarejo, las saunas sexuales y la extorsión a altos cargos para medrar, los pucherazos dentro y fuera del partido, los acosos y derribos, la corrupción, las persecuciones a la UCO, a los jueces y a los fiscales. Da igual lo que salga, lo que diga Aldama o cualquier otro comisionista o tertuliano. Asaltemos el poder judicial. Si me veis cuchillo en mano y un cadáver a mi lado decid que era un fascista que quiso atacarme. Esto es una cacería. Los jueces que investigaron al PP eran justos, pero los que ahora me persiguen prevarican. El TJUE no quiere admitir la amnistía, Europa alega que es un fraude. Europa empieza a descubrir el juego.
No les creáis. A ninguno. Escuchad mejor a Camus: «Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen».