'Y luego dicen que el pescado es caro!’ es el título de un cuadro de Joaquín Sorolla que se encuentra expuesto en el Museo del Prado de Madrid. En él se ven a dos pescadores que intentan ayudar a un tercero que está muy mal herido. El maestro Sorolla, cogió prestado el título de su pintura de una novela de Vicente Blasco Ibáñez, ‘Flor de mayo’, que se desarrolla en un barrio de pescadores de Valencia. En uno de sus capítulos, muere en el mar un pescador llamado Pascual y su tía se lamenta de lo sucedido mientras exclama: «¡Que viniesen allí todas las zorras que regateaban al comprar en la pescadería! ¿Aún les parecería caro el pescado? ¡A duro debía costar la libra...!». Uno vio el cuadro en la mejor pinacoteca del mundo y le encantó, como todos los que allí están expuestos. Lo que no sabía era de dónde venía el título y no tuvo más remedio que buscarlo en la Wikipedia... Es lo que tienen los tiempos modernos. Y si, por desgracia, el pescado es caro; por lo menos hoy, 28 de octubre del año del señor de 2025. Si vas a la pescadería y se te calienta un poco la boca comprando salmón, bacalao, lubina salvaje, besugo, pulpo o ¡chicharro!, te meten una hostia al bolsillo que lo mejor es no pensarlo. Uno, que es bastante rata, no está dispuesto a hacer estos dispendios, por lo que se conforma con comprar bacaladinas, sardinas, congrio semicerrado o cerrado del todo, gallineja y, sobre todo, verdel, que le parece el mejor manjar del universo. Y luego viene lo de los médicos. Cuando era un guaje y a mi abuelo le pegó un infarto de los de aúpa, le prohibieron todo el pescado azul. Sólo podía comer pescado blanco, o sea, pescadilla o merluza. Ahora, vaya uno a saber por qué, resulta que el guay, el molón, es el azul. Lo mismo, si lo piensas, pasa con el pan: en la postguerra, el que se comía era el de centeno, negro como un zulú y arenoso. Durante los años que siguieron a esta catástrofe, reinó el pan blanco, el de trigo... Pues pasó como lo del pescado: el beneficioso, el que te ayuda a vivir más y mejor, es.... el negro.
¡Manda cojones, lo tontos que somos!; o los listos que son los que saben. En cualquier caso, lo de los precios no sólo afecta al pescado: comprar carne de res, como dicen los argentinos, hoy está al alcance de los privilegiados. Cualquier corte que huela a ternera, a vaca vieja, a buey o a cordero, es dejar medio sueldo o media hijuela, que es bastante peor. El caso es que los que antes éramos considerados ‘clase media’, estamos obligados a comprar carne barata, de pollo, de conejo o de gocho. A ver: por mí, encantado: dónde esté un gochín, que se quite todo lo demás...; tiene que ser debido a que, como dice algún cabrón, uno desciende de judíos conversos y no le queda más remedio que reivindicarlo en todas las ocasiones, incluso en el yantar. En cualquier caso, es verdad que la carne de cerdo, en cualquiera de sus vuelos, me parece la más sabrosa, te pongas como te pongas. El asunto es que un entrecot o un solomillo de ternera vale bastante más que un billete de lotería de navidad, a poco que sea grande. Con lo que siempre volvemos a lo mismo: los capitalistas juegan en otra liga y los demás, como la Ponferradina, en regional preferente.
No os descubro América si afirmo que la cesta de la compra ha subido, en los últimos dos años, una bestialidad..., hasta me dan ganas de poner la palabrita con ‘v’, para hacer más énfasis en la cuestión. A ver...; hay cosas que no tienen ningún sentido, como que los labradores estén produciendo patatas por debajo del coste de producción, y las tengas que pagar en el súper a pelo puta. O que las calabazas, que en mi pueblo mis amigos las emplean para dar de comer a las gallinas, cuesten a euro y medio el kilo. No sé si la culpa es del Gobierno o de la Unión Europea, aunque barrunto que ambos dos son culpables. Sí, la economía española va como una moto, en palabras del presidente del Gobierno, pero uno cree que, como toda la vida de Dios, a unos (a los ricos, a los que mandan en la bolsa), les va infinitamente mejor que al resto, el común de los mortales. El caso es que, a la gente corriente, entre el precio de los alquileres y de la cesta de la compra, les cuesta huevo y medio llegar a fin de mes, si es que, por un milagro, lo logran. ¡País!... Salud y anarquía.