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Personajes de nuestra histeria 4 / Ulises

19/07/2026
 Actualizado a 19/07/2026
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Hoy se juega la final del mundial de fútbol: hablemos de héroes.

¿Quién iba a sospechar que un libro de hace dos mil setecientos años, la Odisea, sería un best seller en el verano de 2026? Al hilo de una película con director, actores y presupuesto imponentes, pero… ¿A quién podría no gustar esta historia? El antiguo rey de una isla del Mediterráneo, destacado por su inteligencia más que por la fuerza de su brazo, regresa a casa tras una década de guerra y en su navegación ha de enfrentarse con cuantas pruebas estimulan la imaginación humana, desde monstruos a sortilegios, pasando por las emboscadas del amor y una visita a los muertos; mientras, su hijo sale en su busca y su esposa resiste el acoso de los pretendientes al trono. No hay historia mejor.

Odiseo, en latín Ulises, es un trapacero. Nos gusta como lo hacen Bogart, Han Solo o Danny Ocean; porque molan los malotes, los sinvergüenzas, los pícaros con suerte que acaban junto a la chica de nuestros sueños. Como ellos, Ulises es un favorito de los dioses, de Atenea, aunque también sea odiado por alguno de ellos (Poseidón). 

Pero hay más. Hay muchos perfiles en Odiseo. El del soldado que regresa de una guerra larga, desencantado y sabio. El del ser humano que solo anhela volver al único sitio que llamó hogar. El del viajero enfrentado a mil peligros. El del comandante que, tras conocer el éxito en campaña, fracasa. Porque Ulises fracasa: ninguno de sus compañeros sobrevive, solo él alcanza su isla: el mal capitán que no vela por el cumplimiento de sus órdenes obtiene un triunfo incompleto. Como lo son todos.

Solemne, el gordo Buck Mulligan avanzó desde la salida de la escalera, llevando un cuenco de espuma de jabón, y encima, cruzados, un espejo y una navaja. La suave brisa de la mañana le sostenía levemente en alto, detrás de él, la bata amarilla, desceñida. Elevó en el aire el cuenco y entonó: «Introibo ad altare Dei» (pausa de hidratación, modelo James Joyce)

Se suele buscar en la Odisea al caballo de Troya, pero no está allí. Apenas es una cita al hilo de cuentos de guerra que siglos más tarde desarrollará Virgilio con detalle. Odisea es un regreso, un canto al final de la guerra y sobre lo que esta produce en quienes la viven, sea cerca o lejos. 

Hay quienes creen -teorías hay para todo- que la Odisea se compone de la letanía de excusas que Ulises inventa para justificar ante su mujer una ausencia abarrotada de parrandas e infidelidades. Al fin y al cabo, Ulises es el gran hacedor de artimañas. Que los dioses no me dejaban volver, mujer, yo quería, pero mira lo que me ha pasado, uf, qué mal. Los dioses son un invento genial para excusar cualquier cosa. No es mala teoría, aunque flaquea si tenemos en cuenta que Penélope no debió tragarse el embuste: conocía el paño. Anda para la casa, atontado, que te vas a enterar.  Lo demás es literatura: Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio...

 

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