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Periodismo público herido

15/11/2025
 Actualizado a 15/11/2025
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A principios de octubre me anoté, para tratar más adelante, un tema sobre la BBC que me sorprendió por tratarse de un medio de comunicación público que siempre se pone como ejemplo de independencia. Justo lo contrario de lo que ocurre con RTVE en nuestro país desde tiempos inmemoriales. Lamentablemente, hemos normalizado que en España los medios de comunicación públicos estén al servicio de quien gobierna, pervirtiendo la esencia de su existencia. Pero que la BBC cometa algunos errores de bulto y pisotee el código deontológico de la profesión es, cuanto menos, extraño.

La noticia que me hizo ponerme en alerta fue que la BBC había aceptado la conclusión de un informe del regulador británico de medios en el que se afirmaba que había infringido las normas de radiodifusión. Y es que la cadena británica había emitido un documental sobre la vida de los niños en Gaza, cuyo narrador era un menor de 13 años. Hasta ahí, todo bien. Pero el problema es que no se reveló en ningún momento que el padre de ese adolescente ocupaba un cargo en la administración de Hamás. Esta omisión deliberada provocó que dicho regulador definiera ese trabajo audiovisual como «sustancialmente engañoso».

Tengo que reconocer que, aunque el fallo de la BBC es intolerable y para nada involuntario, obtuvo mi perdón debido a su trayectoria más que contrastada. Pero, casi sin tiempo para digerir esa traición al rigor periodístico, me topo con otro aldabonazo que resquebraja los cimientos de su prestigio. El error fue de tal relevancia que han dimitido el director general y la responsable de la división de noticias. En el documental ‘Trump: ¿Una segunda oportunidad?’ se manipuló un discurso que había dado Trump, haciendo un montaje para que pareciera que este alentaba explícitamente los disturbios del Capitolio.

Los más catastrofistas tienen argumentos para decir que, si la BBC hace este tipo de cosas, el fin del mundo periodístico está cerca. Al menos, nos queda el consuelo de que han reconocido sus errores y han respondido con dimisiones al más alto nivel. Vamos, igualito que lo que sucede con RTVE y con las televisiones públicas autonómicas desde hace décadas. Aquí se vulneran un día sí y otro también los principios de independencia y neutralidad, y no pasa nada. Es más, hay quienes todavía, desde sus púlpitos públicos, se atreven a dar lecciones de periodismo. La única duda que me surge siempre en este tema es quién es más indeseable: el político que mete sus garras mugrientas en los medios de comunicación públicos o los periodistas que se dejan comprar y se convierten en voceros de sus amos.

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