26/03/2026
 Actualizado a 26/03/2026
Guardar

Una verdad de Perogrullo: lo único seguro de la vida es la muerte... Ya os conté (y me valió dos denuncias que, por lo visto, no han llegado a nada), que en Devesa estaba el mejor bar de la comarca y que se cerró sin dar ninguna explicación plausible. Como también os he comentado alguna que otra vez, ¡cuánto me jode tener razón!, porque, después de mil avatares el bar sigue cerrado... El caso es que se ha muerto la semana pasada una de las mejores personas que uno conoció en su vida, José Mari, natural de Devesa y vecino de Castro, un cacho de pan con patas, y llega uno a la conclusión que lo de la muerte está muy mal administrado, porque, por desgracia, nos dejan primero las buenas personas y luego la palman los hijos de puta y nunca es al revés.

¡Mira que tiene la de la guadaña dónde escoger entre la gente que contamina la vida sólo con su existencia! ..., y va y se lleva a los que sólo hacen el bien, para sí y para los demás.

No tiene ningún sentido, cree uno, y dan fe de este axioma los mejores filósofos que en el mundo han sido que, como yo, no entendieron este desatino por mucho que se estrujasen la mollera...

La semana pasada, el Rey, el ‘preparao’, hizo unas declaraciones pidiendo disculpas por los desmanes que cometieron los españoles en la conquista de América. No sabe uno si venían a cuento o no, porque como la política lo enfanga todo, seguramente lo hizo para que los mexicanos no boicoteasen la próxima cumbre iberoamericana que se celebrará en Madrid el próximo otoño. Pues, por lo visto, no le salió bien la jugada, ya que la presidenta de México sigue exigiendo que les pidamos perdón. España, los españoles, seguro que abusó en la conquista del Nuevo Mundo, porque cualquier empresa de dominio está sujeta a errores mil. Pero España dejó en América (además de hospitales y escuelas para indios repartidos por todo el continente), dos hazañas sin parangón en la historia humana: el idioma y el mestizaje. Algunos de los mejores escritores en lengua castellana nacieron allí. La lista es enorme y va desde Garcilaso, ‘el inca’, hasta sor Juana Inés de la Cruz, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges, Vicente Huidobro o Gabriela Mistral. Como veis, es un no parar y me dejo decenas en el tintero. Pero lo más importante, cree uno, que dejó España en América fue el mestizaje. Nosotros, gracias a Dios, en el tema de la ingle no somos racistas como los alemanes o los anglosajones. Cuenta Indro Montanelli, en su ‘Historia de Roma’, que al final del Imperio, cuando sus soldados eran la mayoría de esas razas, los generales estaban asustados porque se podían pasar meses y meses sin follar. No lo hacían por fidelidad, ¡quía!, sino porque las candidatas eran morenas, de ojos negros. Para ellos, este hecho, era impensable. Se conoce que Hitler y sus secuaces aprendieron de sus antepasados. Los españoles fueron ‘casi’ obligados a hacer ayuntamiento con las indias por orden real y, mayormente, porque les apetecía un montón. De aquella película nació una raza cósmica, la más bella del mundo...; y, si no me creéis, no tenéis más que mirar quién gana, en la mayoría de las ocasiones, el certamen de ‘Miss Universo’: venezolanas, puertorriqueñas o brasileñas, que para eso los portugueses eran, y son, igual que nosotros, no en balde, creo que fue Camoes el que dijo que «castellanos, portugueses, todos somos españoles».

En cualquier caso, y a título de ejemplo, los españoles no ofrecían, como hicieron los primeros colonos de Massachusetts, diez libras por una cabellera india. Eso de considerar inferior a alguien que es físicamente distinto a ti, es la prueba más evidente de que algo falla en su cabezón, que algo no funciona bien, que algo es cinca de mano. Y si nosotros, (hablo de la península ibérica y de los territorios americanos), exigiéramos a todos los que nos han conquistado a lo largo de la historia, la lista sería interminable: fenicios, griegos, romanos, godos, árabes, bereberes, holandeses, franceses e ingleses. Nos invadieron, nos masacraron, nos robaron y aquí no ha pasado nada. Algunos nos dejaron cosas maravillosas (sobre todos los romanos), y otros, todos los demás, se comportaron como imperialistas de manual..., seguramente igual que hicimos nosotros en el nuevo mundo, pero ellos con el agravante de la segregación. Entonces, que cada palo aguante su vela.

Salud y anarquía.

Lo más leído