A finales de abril, en el Ateneo Varillas, Valentín Cabero hablaba, a raíz de los incendios del verano pasado, de nuestros patrimonios: el agua, los bosques, las edificaciones rurales… Y, sobre el patrimonio tradicional, tanto material como inmaterial, trataban las últimas jornadas (en este mismo junio clausurado) sobre ‘Concha Casado en el recuerdo’.
Nos hacemos, en el rastro, con un antiguo ejemplar de ‘Artículos geográficos.-Provincia de León’, de José-Luis Martín Galindo. Y, en él, aparecen hermosas y significativas fotografías, en blanco y negro, sobre ancestrales muestras leonesas de arquitectura popular, de una belleza arcaica que sobrecoge.
El verano pasado, hablábamos sobre los hórreos, como patrimonio tradicional de la arquitectura leonesa, conectada con todo el noroeste húmedo, y su peligro de desaparición, ya que no quedan tantos.
Ahora, a través de estas fotografías y de las intervenciones indicadas en el último trimestre del curso ya concluido, nos parece que es bueno seguir llamando la atención sobre ese patrimonio arquitectónico rural leonés, conectado con todo el noroeste y que desprende una gran huella de ancestralidad, ya que tales edificaciones conectan incluso con los modos de habitar prerromanos.
Nos estamos refiriendo a las pallozas, también llamadas por alguien ‘pallazas’, o casas ‘de teito’. Son muy hermosas y, desde luego, ancestrales.
Una de las experiencias más hermosas que tenemos sobre tal arquitectura fue la de la visita a Los Ancares, hace ya muchos años, y nuestra contemplación de tales pallozas. Las de Campo del Agua formaban un conjunto sobrecogedor. Las visitamos. Las fotografiamos. Pero, ay, no mucho tiempo después, el vandalismo y la barbarie humana las hicieron arder.
También visitamos en Balouta, Pereda de Ancares y Burbia algunas pallozas vivas, esto es, en las que vivían aún familias. Nos pasamos una tarde entera, con nuestros hijos pequeños, en el interior de una de ellas, con una anciana que era su moradora, charlando con ella, ante el llar apagado (era verano). Fue una experiencia imborrable.
Incluso, en alguna de las aldeas ancareñas, vimos, sobre el ‘teito’ de paja, a un matrimonio componiéndolo, para evitar cualquier gotera o filtración. También fotografiamos aquella labor.
Y, ahora, seguimos contemplando, con el mismo asombro, las pallozas representadas en fotografías en blanco y negro, en la publicación de Martín Galindo. Pallozas de Penoselo. Y, en los Picos de Europa, casas con ‘teito’ de paja en Llánaves de la Reina, o en Burón, con ese rasgo tan peculiar, en tales edificaciones de la Montaña Oriental, de una gran viga, exterior, vertical, del suelo al tejado, para sostener la cumbre del doble vierteaguas del tejado.
Pero tales muestras de ancestral arquitectura tradicional con ‘teito’ de paja, nos las encontramos (nos las encontrábamos) en Maragatería (hermosa la foto de Tabladillo), o en El Bierzo, donde se halla la localidad indicada de Penoselo. Y también, claro está, en Babia y Laciana.
Pero tal patrimonio arquitectónico, ancestral y muy hermoso, al tiempo que está muy bien estudiado, se halla muy abandonado a la vez y desapareciendo a marchas aceleradas.
No sé si tanto a la administración como a la ciudadanía les importa algo el que tal patrimonio se degrade y desaparezca. Parecería que no. Ay…