05/04/2026
 Actualizado a 05/04/2026
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En términos actuales 'pagar el pato' significa asumir la culpa, la responsabilidad o las consecuencias negativas de una situación, error o problema, a menudo sin haber sido el causante directo o sin merecerlo. Esto afecta actualmente en las guerras a las poblaciones civiles, siendo ellas quienes más pagan los platos rotos, pasando de justos a pecadores al sufrir infernales consecuencias de lo que son completamente inocentes.

Prosiguiendo mi artículo publicado el domingo pasado bajo el título 'La paradoja y el pato', reitero que la expresión 'pagar el pato' nace a partir de una deformación del vocablo 'pacto', término usado hace siglos por los judíos radicados en suelo español. Para los hispanos se decía que ese era el pacto que debían pagar los judíos a los hebreos por adorar imágenes de animales en sus templos conocidos como sinagogas, hecho éste que los católicos consideraban un sacrilegio. Pero esta última aseveración es considerada errónea ya que nunca los judíos han adorado imágenes de animales.

Siguiendo con lo escrito a este respecto por José María Iribarren en 'El porqué de los dichos', quiero apuntar algo más sobre el dicho de referencia, que, según el Diccionario de la Lengua, 'pagar el pato' equivale a "padecer o llevar un castigo no merecido o que ha merecido otro". 

Al parecer de Francisco de Paula Seijas Patiño, periodista y ensayista colaborador de La Ilustración Española, se trata de una expresión de origen vulgar "tomada de algún juego o diversión". En cambio, para el gramático y lexicógrafo Gonzalo Correas estamos ante un dicho antiguo en el sentido de "lastar y ser castigado", en que "lastar" es verbo antiguo que significa, si nos atenemos a lo dicho por Sebastián de Covarrubias, lexicógrafo y capellán de Felipe II, "pagar por otro".

En la muy reconocida 'Biblia del Oso', traducida al castellano por Casiodoro de Reina, se explica su origen: "Como los vocablos de Tora y Pacto, usados por los judíos españoles, el primero por la Ley y el segundo por el concierto de Dios, por los cuales los españoles les levantaban (les acusaban a los judíos) que tenían una Tora o becerra pintada en su sinagoga que adoraban, del 'pacto' sacaron por refrán: "Aquí pagaréis el pato". 

En cuanto a la palabra Tora, es el texto más sagrado del judaísmo compuesto por los cinco primeros libros de la Biblia hebrea (el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Contiene la ley, las instrucciones y la historia fundacional del pueblo judío entregado por Dios a Moisés en el monte Sinaí. 

Tomando los cristianos al pie de la letra dicha voz, la tergiversaron burlonamente diciendo que los judíos adoraban en sus sinagogas a una 'tora' o novilla, y por ello en algunas fiestas populares hacían mofa de ella.
Correas dice en su 'Vocabulario y frases proverbiales' que en el pueblo aragonés de Codos acordaron correr un toro por Carnaval, pero como no tenían dinero para comprarlo o alquilarlo, "acordaron que fuese fingido, con una manta y cornamenta, y (que) lo fuese un hombre," como se suele hacer la Tora en burlas y disfraces judíos.
 

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