Empiezo a escribir estas líneas, que acabaré en cualquier momento antes del martes santo, el Domingo de Ramos, fiesta cristiana en la que se celebra la entrada en triunfo de Cristo en Jerusalén a lomos de un burro, seguramente de la raza zamorano-leonesa. Es, sin duda, un día grande para los creyentes, el comienzo de la Semana Santa, que terminará el Domingo de Pascua, dentro de siete días, en el que los cristianos de todo el mundo celebran el triunfo de Jesús sobre la muerte. Los ortodoxos (griegos, serbios, búlgaros, rumanos y rusos), ese día, al encontrarse con los familiares y los amigos, se dan dos besos y se saludan con una frase explícita y descriptiva: «Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado».
Ya puestos, os recomiendo un libro de Nikos Kazantzakis, ‘Cristo de nuevo crucificado’, que no tiene desperdicio, aunque sé que no me haréis ni puto caso...; leer, ¡home, por dios!, ¿quién se ha creído éste que es para recomendarnos lecturas raras a estas alturas? El caso es que, en la capital del viejo Reino, en Astorga, en La Bañeza, en Villafranca o en Ponferrada, los ‘papones’ tomarán las calles, nunca mejor dicho, y sus seguidores, el público en general, se apropiarán de las aceras, como si fuesen primera línea de una playa de postín, de las de sur, y se pegarán con su puta madre por conservar esa atalaya privilegiada en la que ven pasar los pasos y los penitentes como si fuese un desfile de la Legión o de la ‘Acorazada Brunete’.
Resulta que uno (por avatares mil que siempre escaparon a mi voluntad), conoce a cientos de esos ‘porteadores’ de la fe y llega a la terrible conclusión que sólo uno de cada cien lo hace porque cree en la pasión, la muerte y la resurrección del Cristo. A los otros noventa y nueve, es el folklore, la bebida y la pitanza lo que los mueve..., y quién afirme lo contrario, miente como un bellaco.
En los dos periódicos locales, estos días, se pueden leer afirmaciones que, por lo menos a mí, me hacen pensar que el ‘lobby semanasantil’ tiene un poder omnívoro, como los judíos lo tienen con Trump, lo mismito. Frases como «hay cantera», refiriéndose a que unos chaveas de diez u once años aprenden el oficio llevando pasos a su medida, me da que pensar..., y no para bien, lamentablemente. Fijaos que, incluso en mi pueblo, en los tiempos que era cura Don Antonio, en la noche de Jueves Santo, se hacía una procesión a la que acudían, incluso, gentes de León, que preferían esta movida a la de Genarín: la procesión de la ‘Buena Muerte’. Por suerte, al marchar Don Antonio a ejercer su apostolado en León, murió, nunca mejor dicho, de muerte natural.
En realidad, los únicos que se frotan las manos esta semana son los hosteleros. Hacen caja para resarcirse de los meses en que están a dos velas, viéndolas venir, una por arriba y una por abajo. Nos venden un brebaje llamado ‘limonada’ a razón de dos o dos cincuenta euros el chato (un robo a mano armada, como tantos otros que perpetran), y que clama la venganza de Dios, porque lo único que sacamos en claro después de unas rondas por el Húmedo, por el Romántico, por el Burgo, por Eras o por cualquier barrio capitalino, es un dolor de cabeza de los que hacen época, que te impide razonar lo menos en una semana.
Uno, en este (como en otros muchos casos), sabe de lo que habla, no en balde vendió cientos y cientos de litros y se quedaba más ancho que alto al hacerlo, satisfecho de envenenar el hígado a los cuitados que acudían, en manada, a celebrar que la procesión había terminado y se merecían un homenaje por aguantarla. También harán por subir los precios de las cañas, de los vinos o del agua, ¡manda huevos, también del agua!, que hay que aprovechar que el Bernesga pasa por Lorenzana y como la capital está llena de madrileños y de vascos, que tienen la guita por castigo, al final pagamos los de siempre: justos por pecadores.
León no se merece lo que le está pasando. No se merece que sus hijos tengan que largarse a vete tú a saber dónde para poder comer. No se merece que los políticos tengan a la provincia como un cortijo, como un trampolín que les impulse a tomar posesión de un escaño en Madrid. No se merece que los pueblos estén vacíos de vida y de esperanzas. Pero tampoco nos merecemos pasar una semana de calvario de la que sacarán tajada solamente unos pocos: los de siempre. Salud y anarquía.