Fernando Prada

Un paseo en Semana Santa

01/04/2026
 Actualizado a 01/04/2026
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En Semana Santa la ciudad se debe pasear –esperemos buen tiempo–. Son unas fechas muy importantes en el imaginario de la ciudad de León. Vuelven muchos hijos del pueblo desde sus ciudades de vivencia y trabajo, León cambia para la pascua, es una ciudad de Semana Santa desde hace mucho tiempo y la añoranza está presente, reviviendo los recuerdos más entrañables.

Vamos a pasear un poco imaginando las situaciones al pasar y con quien nos encontramos. Este es un viaje iniciático en una ciudad del noroeste de España de frío seco y calor agobiante, tiene cuatro conventos, uno de ellos intramuros romanos y tres dentro de la cerca medieval. Hace un buen día pero refresca un poco, así que nos ponemos la capa parda y decimos al cochero que nos deje en la plaza de las concepcionistas, a pie de su noble convento, donde las madres a parte de la repostería excelente, tienen en su capilla el cristo de la cruz quemada, llevado después de la desamortización del convento de Santo Domingo, que hubo sufrido un incendio atroz y al cristo no le paso nada.

Nos indicaron seguir a la plaza de Santa María del Camino conocida como del «grano», allí el segundo convento el de las Carbajalas, madres benedictinas, traída de Carbajal de la Legua, de esto su nombre, convento y plaza de apariciones, romances, luchas de capa y espada con su fuente y sus angelotes que son los dos ríos que bañan la ciudad. 

Subimos y bajamos cuestas y en breve llegamos a la plaza mayor, lugar de acampadas, juegos, justas y zona de espera de nobles antes de presentarse a la corte en las épocas del rey Ramiro, cadalsos para reos y zona de esparcimiento para la nobleza y el pueblo, incluso plaza de toros.

El camino sube un poco más, pasamos las tapias del seminario y llegamos a la plaza de la pulcra catedral ‘la joya’, el joyero está en Burgos. La miramos, admiramos y como decía Unamuno cuando nos visitaba: «La Pulcra Leonina se ve de una sola mirada». Dejamos a la joya sonriendo a sus paseantes y admiradores, es la magia de la piedra y de la luz.

Un caminante nos indicó seguir por la Canóniga Vieja –Cardenal Landázuri– hasta el tercer convento y este si es intramuros romano. Pasamos las tapias bendecidas del barrio del cabildo y allí las clarisas nos reciben en su casa, llevamos dos docenas de huevos para tener buena vida y las dejamos con su vida monacal.

La caminata no cansa al acercarnos a la cumbre del románico, la basílica menor nos espera sobria, entramos en San Isidoro, la admiramos y al salir saludamos a Guzmán el hombre bueno en su casa al lado y la de Jimena la mujer del cid “que salió de su casa parida a misa en San Isidoro de León”.

Se va terminando lo bueno y caminamos hasta la porta principales dextra o cauriense al lado del Palacio de lo Guzmanes, nos imaginamos el convento de Santo Domingo en la plaza del mismo nombre, donde se fundó la cofradía más clásica de la ciudad y allí vemos a la junta de seises con sus trajes negros hablando con expresión grave, fue desaparecido con las desamortizaciones.

Nos espera el cochero y nos hace una invitación para recorrer los jardines del rey al pie de la torre de San Isidoro y por la Rúa Nova llegar hasta San Marcos con una carta del párroco de Santa Marina a Don Francisco de Quevedo, en este caso sin vuelta ya que pasamos el puente medieval y nos vamos a Astúrica Augusta, pero esto es otra historia. Felices Pascuas.

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