Todo pasa y nada queda, es el mensaje que parecen lanzarnos las moribundas hojas multicolores que tapizan el suelo que repisoteamos. Una estampa de elegancia decadente que nos habla de la rapidez con que todo acontece en medio de esta ráfaga de vertiginosidad que parece contagiarlo todo. La fugacidad nos consume y parece impelernos a un consumo desmedido, en una marabunta de necesidades creadas, con el que pretendemos combatir lo efímero. Disfrazarnos, más que vestirnos: para realzar encantos, ocultar defectos, o combatir la decrepitud que acecha en forma de michelín encubierto u oronda barriguita cervecera. En los adolescentes y jóvenes es otra cosa; lo suyo es la vanidad del que se sabe dueño del tiempo y poseedor de la belleza primaveral.
Lo cierto es que está de moda mudarnos, sobre todo de vestido. Javier Rábano, gerente del proyecto de reutilización textil de ‘Cáritas León Moda-R’, lo advertía esta semana: «Históricamente la ropa de donación tenía cierta calidad, ello permitía la reutilización. Ahora se consume más, hay operadores que ya se han retirado de la vía pública porque no les renta. De las cuatro unidades que antes reutilizabamos entre cien, hoy pasan a ser una o dos unidades. En nuestra nave de Castrillo de la Ribera tenemos ciento cincuenta toneladas acumuladas, y las plantas de reciclaje a nivel estatal ya no tiene más capacidad».
Un amigo me contaba de una familiar que cada vez que les visitaba venía cargada de prendas. «Compro de más pensando en que os sirvan. Y si no os valen o gustan se tiran, total, para lo que cuestan…».
A veces entras en tiendas infinitas y no puedes evitar pensar…¿hay tanta gente para poderse poner todo esto?…
Cambiar la apariencia, consumir prendas que nos destaquen, que nos eleven, que nos empoderen. Los ‘influencers’ nos hablan de las micro tendencias y los fabricantes aseguran que sus prendas son sostenibles para renovar el armario. Ropa a la que no es posible darle una segunda oportunidad, ¿nos la dará a nosotros la tierra?
A los costes de almacenaje se unen los de transporte. Y los vertederos de basura crecen entre camisetas, pantalones, faldas, vestidos, zapatos y zapatillas, complementos y retales amontonados, mezclados con tierra, bolsas y otros desperdicios. Tejidos enmarañados y descoloridos. A veces aún se distinguen prendas enteras entre los restos desmadejados que antes nos vistieron de manera efímera.
«Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más». Lo decía Quevedo… uno que no pasa de moda.
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