Y me atrevería a decir que para ninguna otra estación. Pero aún estamos en verano, y esta es la que destaca ahora mismo.
Si son usuarios de estos lugares, seguro que se habrán dado cuenta de que hay dos tipos de parques claramente diferenciados: los que llevan muchos muchos años y poseen árboles grandes y frondosos que dan sombras acogedoras. Y los modernos. Inmensas praderas que, con mucha suerte, cuentan con jóvenes retoños que luchan, día tras día, para no secarse. Y es que en veranos como este, donde la ola de calor es la tónica general, un lugar sombreado (un árbol puede bajar la temperatura ambiente entre 2 °C y 9 °C en su sombra, y la temperatura de superficies expuestas, como asfalto, hasta 15 °C o 20 °C) es un lujo. Si en ese oasis hay juegos infantiles para los niños, el lugar pasa a la categoría de paraíso, y si tienes la enorme suerte de que haya bancos para los padres, ya no hay palabras que pueden describir el sitio. Algún parque así queda en León. Alguno. Los demás no están tan bien diseñados. Supongo que las modas cambian y el tema árbol ya no se lleva, por eso se plantan los juegos infantiles en mitad de una pradera. El punto positivo es que los niños se ponen morenos y se curten. También los padres y los abuelos que los acompañan, que no van a ser menos. De todas formas, mucho rato no van a estar, porque se ponen los juegos justos, no vaya a ser. Y olvídense de los areneros. ¿Qué es eso de que los niños jueguen con arena? ¿Dónde se ha visto eso? Mejor que escarben en el terruño, que así están más entretenidos. En algunas ocasiones, en estos eriales sí que se plantan árboles. Y está claro, que al ser jóvenes, su sombra es escasa. Eso no sería un problema si se les diera la oportunidad de crecer, pero yo no sé que les pasa, que muchos de ellos, se secan. Es una pena ver como, poco a poco, se van poniendo mustios y perdiendo hojas hasta que un día pasas por su lado y solo queda un palo. Si hay suerte, el palo desaparece al cabo del tiempo y, si hay mucha suerte, un nuevo arbolito aparece para reemplazarlo. Normalmente, para correr su misma suerte, secándose poco después. No sé por qué sucede esto. Doy por hecho que se cuidan las plantas. No tendría sentido no hacerlo, porque cuestan dinero, y no está la vida para malgastarlo. A lo mejor hay que pedir una garantía, como cuando se compra una lavadora, y que los árboles que se adquieran estén asegurados para un par de años al menos, lo justo para que tire y no se seque a los cuatro días. En fin, menos mal que el verano dura poco en León.
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