Abro la prensa más tarde. Bolsonaro y sus improperios y represiones contra los que no son como él quiere que sean. Un Brexit, dos Brexits, tres Brexits… Multitudes amontonadas en cada frontera, relegadas al barro, el frío, el hambre, la desesperación. Trump, apoyado en iracundos votantes del Medio Oeste y desesperados obreros de industrias en declive, apuntala su muro contra los pobres y desfavorecidos de lugares no tan lejanos. Guaidó y Maduro no se miran a la cara en un país cada vez más tenebroso. Se debaten medidas sobre los emigrantes y en todos los casos parece que se habla de mercancía con derechos que repartimos a capricho...
Neandertales y cromañones. Hititas y egipcios. Babel o Babilonia. Persas y griegos. Romanos y cartagineses y bárbaros. Cristianos y musulmanes. Individuos religiosos e individuos de ciencia. Indígenas y colonizadores. Turcos y griegos y asirios y armenios y kurdos. Nazis y judíos y homosexuales y gitanos y… Judíos y árabes. Chiíes y suníes… Pakistanís e indios. Rusos y estadounidenses. Comunistas y capitalistas. Gulags, jemeres rojos, revolución cultural… China, Mongolia, Tíbet… Hutus y tutsis… Los Balcanes. Hombres que no entienden nada y pegan y matan a sus propias mujeres. Personas que no entienden nada y pegan y matan a sus propios semejantes. O lo desean o dicen desearlo. O lo escriben para que todos podamos leerlo.
¿De dónde surge todo este odio? ¿Adónde nos conduce? ¿Qué podríamos hacer con él que no fuera tan dañino para todos y cada uno de nosotros? ¿Para cuándo apearse del propio vehículo, presentarse, sacar papeles y ofrecer la mano en silencio?
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