Como idea, frase o hecho que contradice la lógica, el sentido o la opinión común, presentándose como un absurdo aparente que desafía la comprensión, esa es la paradoja. Viene a cuento a este respecto la frase latina: «Si vis pacem para bellum» («Si quieres la paz prepárate para la guerra», Vegecio s. IV-V d, C) Lo chocante o contradictorio consiste en el caso de preguntar a uno por uno de los habitantes del globo terráqueo si está o no de acuerdo en entrar en una guerra. La respuesta de la gran mayoría sería negativa. Sin embargo, las guerras han ocurrido, ocurren y ocurrirán. Es por ello que la citada frase tiene su sentido ¿Por qué? Pues, muy sencillo. Porque cada país tiene una clase, grupo o partido dominante que es el que gobierna y decide, sea en un sistema de gobierno democrático, comunista, absolutista o la madre que lo parió. Y los gobernados, el llamado pueblo, está para acatar y obedecer. Ateniéndonos a que el significado etimológico de «democracia» es el «gobierno del pueblo», lo cierto es que los elegidos a través de las urnas gobiernan a su antojo, incluso incumpliendo y hasta contradiciendo lo que dijeron para triunfar en las elecciones.
Hablando de enfrentamientos bélicos actuales, resulta muy preocupante la guerra emprendida recientemente en Oriente Medio por Estados Unidos e Israel contra Irán como naciones agresoras sin justificación alguna. Solo con el pretexto y bajo la sospecha del amenazante poderío atómico de un país gobernado dictatorialmente por los ayatolás. Pero, en realidad, por el control universal de ese líquido oleoso compuesto de hidrocarburos y con muchas aplicaciones llamado petróleo.
Como país atacado, Irán se está defendiendo de los bombardeos de Estados Unidos e Israel a base de lanzar misiles a los países petroleros más próximos de Oriente Medio, amenazando con minar el angosto estrecho de Ormuz por donde circula un tanto por cierto elevado del petróleo mundial. Sin saber a ciencia cierta el punto calamitoso al que se pueda llegar, prácticamente todo el mundo ya está sufriendo las consecuencias, no solo con el alza de precio del petróleo, sino de otros productos con él relacionados. En términos de frase hecha figurada, todas las naciones ya están «pagando el pato».
Lo de «pagar el pato» se trata de una expresión coloquial española que significa sufrir las culpas de algo. De vuelta a la preocupante realidad originada por el ataque yanqui-hebreo contra el país de los ayatolás, naciones como España –pese a manifestarse a través de su jefe de Gobierno con un: «No a la guerra»– no va estar excluida del perjuicio económico originado que acarrea el conflicto bélico. Aún en el caso de que ello tenga poco recorrido temporal, no hay duda de que va a significar, en el mejor de los casos, sufrir graves consecuencias.
Si buscamos su origen, parece ser que la susodicha expresión coloquial proviene de la deformación del término «pacto» utilizado por la sociedad cristiana española en los siglos XVI y XVII hacia el pueblo judío. En aquella época esa expresión se puede entender de dos maneras, ya que hay estudios indicativos de que proviene de un tiempo en que los hebreos eran el blanco sobre el que recaían todas las culpas. De ahí su expulsión en España. Por otro lado, se sostiene que esta frase era una proclama nacida del hecho de que los judíos pregonaban su fe (o «pacto» con Dios) de manera pública. Por ello sufrían la burla de los cristianos que les intimidaban empleando su misma expresión para amenazarlos con que «pagarían el pacto» en referencia a que los quemarían dentro de su sinagoga. ¿Quién pagará más el pato en este conflicto de Oriente Medio y hasta dónde puede llegar en dimensión y gravedad? Una ola de incertidumbre nos invade. Sólo Dios lo sabe.