«No es que los ‘smartphones’ sean nuestros productos, sino que nosotros somos productos suyos». Esta afirmación, con grandes dosis de advertencia, es una de las muchas reflexiones que el filósofo Byung-Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, compartió en su discurso pronunciado en el escenario del Teatro Campoamor de Oviedo. Más allá de quienes solo quieran ver en este comentario un simple juego de palabras, los peligros que se desprenden de esta paradoja nos están llevando como sociedad a ciertos callejones oscuros sin salida.
No es la primera vez que este pensador alerta sobre los riesgos de la digitalización, partiendo de la premisa de que no es un abolicionista tecnológico, sino que incide en la imperiosa necesidad de ser conscientes de que las nuevas tecnologías deben ser una herramienta nuestra y no al revés. Nosotros debemos utilizar los smartphones como un instrumento para conseguir algo y no al contrario, que sean los teléfonos los que utilicen a los seres humanos.
Si uno se para a pensar honestamente sobre la relación que tenemos con muchos de los últimos avances tecnológicos, debemos reconocer que, en no pocas ocasiones, perdemos el control y, aunque tengamos la sensación de estar al mando, nuestro papel en la relación humano-máquina es de sumisión. Byung-Chul Han recuerda que muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación. Dejemos por un momento de lado a los teléfonos inteligentes y pensemos en las redes sociales. Nos vendieron las muchas y variadas oportunidades y mejoras que aportarían a nuestra sociedad, pero se omitieron los peligros que también estarían al acecho si, como individuos, no las utilizábamos de manera responsable. Sé que es difícil, por no decir imposible, obtener la medida exacta si ponemos en la balanza los aspectos positivos y negativos que han aportado, pero lo que es evidente es que han provocado algunas situaciones adversas que muy pocos vaticinaron cuando llegaron a nuestras vidas.
Ante los retos que tenemos en la actualidad, es muy necesario que personalidades como este Premio Princesa de Asturias den un meneo a nuestras masas grises y nos hagan meditar sobre lo que nos ha pasado con las últimas disrupciones tecnológicas, para no repetir errores en las que están por venir o ya han llegado, como es el caso de la IA, ya que, como afirma Byung-Chul Han, la tecnología sin control político y la técnica sin ética pueden adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas.