Se necesita de vez en cuando un desahogo aunque sea en forma de columna, un ruego, una súplica. Un soplo de aire fresco. Una mirada al exterior. Resulta manido volver siempre al mismo personaje, hablar de los mismos temas, aunque la actualidad manda.
Llevan muchos años muy cansinos con el tema, pero les cuesta tanto olvidarlo…
Que si le conocí. Que qué me parece que fuera devoto del brazo incorrupto de Santa Teresa. Que si para qué recordarle cada veinte de noviembre sea con un ramito de violetas o una corona de laurel o con una bandera. Que si un dictador no tiene derecho a un reconocimiento.
Esta semana, en las clases de literatura y a propósito de la genuina figura de Doña Emilio Pardo Bazán, mujer abigarrada y ninguneada en su tiempo por su empecinada personalidad y cuyo centenario mortuorio venimos celebrando durante el presente año, me lo he encontrado viviendo en el Pazo de Meirás que fue regalado a su familia por una ‘donación’ para que el ferrolano le diera lustro con su generalísima presencia a la aldea de Meirás pero no volverás, como aquellos paseados, o los otros quemados en conventos, que de todo hubo.
Luego, la presión popular y los tribunales, propiciaron su restitución al pueblo aunque la familia salvó los muebles, ya que «Doña Carmen no compraba en Ikea».
Que si un político muy casado, por presunto despiste de última hora, entró a la catedral de Granada, último reducto de la reconquista, para participar de una misa celebrada el pasado veinte de noviembre rezando por el eterno descanso de su alma. Que si le trasladaron del particular campo santo de los caídos y decaídos por la patria. Menudo trajín de huesos. Esos mismos que le reclaman responsabilidades para no ser abandonados al alba de los tiempos nuevos, que parecen seguir siendo los viejos, porque no cesan las mismas cantinelas de siempre. Ese baile de muertos que reclaman justicia, pero no desde el rencor y la confrontación, sino desde la sana perspectiva de una democracia que ya debería estar consolidada tras casi cincuenta años de su muerte.
Ensordecedor el grito de las víctimas de la represión y la guerra.
Pero a veces la barbarie se libra entre las cuatro paredes de casa como la de las de las víctimas de la violencia de género, treinta y siete mujeres asesinadas en lo que va de año, cuyo doloroso recuerdo acudía a nuestro corazón y memoria el pasado 25 de noviembre, Día internacional contra la violencia de género. Sigue habiendo maltrato e insanas relaciones de prevalencia y dominación a golpe de puño.
Para ser ‘franca’ y sin ningún ‘género’ de duda hay temas que desgastan hasta el infinito por ser punzantemente desoladores.
Para ser franca
27/11/2021
Actualizado a
27/11/2021
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