Jorge Brugos

Papones, abandonen la Catedral

06/04/2026
 Actualizado a 06/04/2026
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Ya pueden entrar los pasos de vuelta a las iglesias y los papones de vuelta a la puerta de salida de los templos. No me gusta la Semana Santa, que me perdonen David Iglesias y Diego Pérez Cillero y su podcast La Voz del Papón. No es que no deje de ser interesante el mundo cofrade, la fiesta con aires de réquiem y todo lo que rodea a esta tradición con tanta distinción leonesa. Soy el primero que no ha podido dejar de leer el ensayo publicado por Almuzara Semana Santa de León escrito por Jorge Revenga, lo que pasa es que durante estos días todo lo que se representa cae en una especie de desvirtuación farandulera. 

En el silencio del orante que reza en habitación cerrada por el que Jesús sintió predilección, hay más devoción que en un séquito de plañideras nazarenas. 

Cuando un capillitas meapilas como yo que va a misa a diario, le dice a alguien que no disfruto de la semana más importante para la cristiandad, me miran asombrados, como si la Morenica hubiera cobrado vida en una revelación mariana a la altura de Medjugorje. 

Ya he contado en alguna ocasión cómo sudo la sangre que perdió Cristo en la cruz cuando me preguntan sobre estos días en un programa de televisión de la ciudad en la que vivo; siento que si digo que no me gustan las procesiones me van a ver como El Joker interpretado por Joaquin Phoenix cuando vuela la cabeza al presentador de su programa favorito. Ya me imagino a alguno ante mi apostasía cofrade sufrir un latigazo cervical como los latigazos que sufrió Cristo frente los romanos antes de recrearse en el foro, que es por cierto, en lo que son para muchos las procesiones. 

Hace poco leí en un ensayo de Manuel Fernández Muñoz su discernimiento primigenio en pleno descubrimiento de la fe a colación de la imaginería religiosa y el edicto divino de no adorar ídolos. 

No tiene sentido llevar en volandas al Cristo de Balderas si tu expresionismo religioso se resume a una semana al año. He visto fotos de amigos que no han pisado una Iglesia en su vida hinchando su pecho papón presumiendo lo cofrades y devotos que son. Habrá que ver si es cuestión de devoción o de posición, una excusa más para sumergirse en la trama de los Bridgerton y codearse con las gentes importantes de la aristocracia con un pretexto divino con fines del pequeño poder terrenal. No se puede servir a dos señores.  
 

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