05/05/2026
 Actualizado a 05/05/2026
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La figura del Papa, independientemente de que se trate de uno de o de otro, siempre ha tenido seguidores y detractores. Lo que parece claro es que no suele dejar a casi nadie indiferente. La historia de los sucesores de Pedro es muy desigual y no han faltado momentos bastante lamentables. Eran otros tiempos que nada tienen que ver con el contexto actual. Y también aquí cabe decir que no siempre es acertado juzgar el pasado con categorías del presente. Es lo que viene a decir el viejo adagio latino: «Distingue tempora et concordabis iura». Distingue los tiempos y concordarás las leyes. Afortunadamente aquellos años oscuros han quedado muy atrás y es preciso reconocer el gran prestigio de los papas en los últimos siglos.

Así como no hay, ni ha habido, ningún personaje en toda la historia de la humanidad que haya tenido tanta influencia como Jesucristo, pensamos que a nivel mundial tampoco hay ningún papel u oficio  tan relevante como el del Papa. Es fácil de constatar en los viajes de los papas a cualquier país del mundo, aunque no sean mayoritariamente cristianos. Diríamos que en el escalafón de puestos de prestigio los papas encabezan la lista. Esto es así y no hace falta mucho esfuerzo para demostrarlo. Ni el Presidente de los Estados Unidos, ni cualquier otro mandatario son capaces de superarlo, dicho sea sin arrogancia ni fanatismo.

Dentro de algunas semanas se espera en España la visita de León XIV. Bienvenido sea. Se ha criticado mucho a su predecesor, Francisco, por no haber querido visitarnos. Sus razones tendría. En realidad tenía preferencia por visitar los países más pobres o marginales, las llamadas periferias, muchas veces con una minoría de católicos. Tal vez por eso era su deseo venir a Canarias, por el tema de la emigración. Ha sido un verdadero profeta de nuestro tiempo y por eso tan criticado e incomprendido. Se han gastado muchos millones de dólares en campañas para desprestigiarlo. Pero no consiguieron doblegarlo. Su sucesor, León XIV, es distinto en las formas, pero muy parecido en el fondo. Su viaje a Canarias es una clara muestra de continuar y llevar a cabo el sueño de Francisco. 

Tendrá también detractores. Unos intentarán descalificarlo, y tal vez otros pretenderán utilizarlo. No es cómodo ni fácil este viaje a España, pero, más allá de los intereses partidistas de unos y de otros, sus palabras, desde la libertad y la  sensatez, serán las más oportunas. No dará gusto a todos, pero será bueno que nos preparemos para acogerlas con ilusión.
 

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