El poeta satírico romano Juvenal, usó la expresión pan y circo en el siglo I d.C. para criticar una estrategia que seguían de forma habitual los gobernantes de la época.
Dicha estrategia consistía en mantener al pueblo distraído con alimento gratuito y entretenimientos banales para evitar que se interesasen por temas más trascendentales, como la política o los problemas reales de la sociedad, y se rebelasen contra la autoridad.
Cuando aquellas gentes asistían a luchas de gladiadores, carreras de carros y demás espectáculos, no se cuestionaban ninguna de las decisiones ni actos de quienes les gobernaban. Así mantenían a la plebe controlada, como borregos. Repugnante, ¿verdad?
Pues aquí estamos, veinte siglos después. Y seguro que más de un lector está pensando que esas prácticas han sobrevivido al paso del tiempo y se encuentran en vigor.
Nuestros políticos actuales no nos ofrecen alimento gratuito, más bien todo lo contrario, pero sí una función circense sin fin con sus recriminaciones mutuas, con sus “y tu más” mientras, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación, nos llega la información verídica en la cantidad y forma más conveniente a sus intereses.
Vivimos en un momento en el que, a pesar de los avances gigantescos en tecnología y comunicación, existe desinformación, bulos y soledad no deseada. Toda una paradoja.
Cada vez se nos hace más complicado diferenciar lo real de lo que no lo es, nuestra inseguridad y temor con respecto al futuro crecen. Nuestro descontento, en líneas generales, también. Nuestra salud mental y pensamiento crítico están en plena decadencia. Surgen voces que nos advierten de que estamos dormidos, anestesiados.
No es que una se haya levantado hoy pesimista, son datos objetivos.
Sin embargo, la humanidad ha sobrevivido a infinidad de calamidades, catástrofes, guerras, épocas terribles a lo largo de la historia.
Me pregunto, con un halo de esperanza, ¿qué sucederá cuando esta cuerda, que tanto se está tensando, se termine de romper?