Seguramente no haya nada mejor que se le pueda decir a alguien que pasa por esta tierra sin ser de aquí que definirlo con algo muy nuestro, que sin significar nada concreto, a la vez lo dice todo. Ser un ‘paisano’ es el mejor piropo que se le puede tirar a alguien e irte de un lugar como tal, sin duda un reconocimiento que muy pocos consiguen. Es por eso que sirvan estas líneas para reconocer y más que nada agradecer su paso por León a Raúl Sáenz del Rincón, que dicho así puede despistar a alguno que seguramente sí sepa quién es Raúl Llona.
El único entrenador junto con Rubén de laBarrera que ha conseguido ascender con la Cultural y Deportiva Leonesa a Segunda División en 50 años merece cuanto menos el reconocimiento de una ciudad por la que no solo ha pasado, sino que la ciudad también ha pasado por él. Suele ser habitual en el mundo del fútbol que jugadores y entrenadores pasen de puntillas por los lugares que van cayendo en su carrera, pero en algunos casos y en algunos sitios la conexión es diferente. En el caso de Llona, quizás por aquello de ser de un lugar que en mucho se parece a León como es Logroño, formó en su primer año una pequeña familia en torno al fútbol que caló tanto que después de apostar por la continuidad en el segundo, él lo hizo por traerse a los suyos, a su mujer y a sus hijos, dejando claro que no iba a ser uno más.
La apuesta de club y entrenador cerraron un año mágico, histórico, desconocido hasta la fecha en la tercera categoría del fútbol español: líderes desde la primera hasta la última jornada, lo nunca visto. Sin embargo, las curvas en la recta final de la temporada (¿es que alguien pensaba que iba a ser fácil?)comenzaron a tensar una situación que avanzaba lo que finalmente ocurría la semana pasada. La victoria en Valladolid (solo el tiempo dirá si tiene autor) ha hecho olvidar rápidamente la tensión, los momentos y una decisión con partidarios y detractores, pero lo que no debería olvidarse es el legado de un entrenador que con sus aciertos y errores, fue capaz de hacer feliz a toda una ciudad necesitada precisamente de alegrías.
Hasta siempre ‘paisano’, León será siempre tu casa.