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Un país aturdido

22/02/2026
 Actualizado a 22/02/2026
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España va camino de convertirse en un rompecabezas. Porque apuntar que se ha transmutado en un circo podría herir la sensibilidad de quienes se dedican a ese variopinto mundo, tan admirado y aplaudido décadas atrás. Y aquí, hoy y ahora, ya no caben medias tintas. Ya no sirven los paños calientes y mucho menos las complacencias cretinas. Unos dicen –y hasta pretenden explicarlo- que la economía va como un cohete. Otros afirman que como un tiro. Y los más, que son quienes padecen las penurias de no llegar a fin de mes –expresión monótona, aunque realista-, se sientan en la taza del retrete (palabra incontestable y castiza, que se pretende orillar), para ciscarse (en lenguaje coloquial, cagarse) en todos ellos. 

Que se suba el salario mínimo interprofesional es una buena noticia para una inmensa mayoría. Tampoco es que sea la panacea, pero ayuda a comprar el pan y la leche. Ahora bien, que la ministra del ramo, en este caso la rubísima (¿con doble sentido?) y comunista Yolanda Díaz lo politice, es harina de otro costal. Que ataque por ello al presidente de la CEOE -el empresario Antonio Garamendi-, denunciando que cobra veintitrés veces el SMI delata su mediocridad y simplismo. Va a lo fácil y a encabronar a la gente por comparación. Que es el objetivo.

A Garamendi le pagan los socios de la organización empresarial; a ella los contribuyentes de toda índole y condición. ¿Y cuánto cobra la ‘galleguiña’ de Fene? ¿Cuáles son sus prebendas? Porque al margen del sueldo –que haya quedado anotado, algo más de 100.000 euros anuales- vive como una reina (pese a su republicanismo de escaparate), en una vivienda de aquí te espero (frase muy genuina en el habla popular), propiedad del Estado. Un ‘pisazo’ de 440 metros para ella y su nena. 

Y, además, y por su cara bonita, con todas las necesidades cubiertas. Una ‘bagatela’ del tres al cuarto. De modo, que pobres, lo que se entiende por pobres o desfavorecidos, los demás. La ‘señamenistra’, que diría el añorado Crémer, no. En ningún caso. Y menos cuento. 

Y como no hay dos sin tres, la ínclita y de igual forma comunista Ione Belarra volvió a dar la nota en el Congreso de los Diputados esta misma semana. Vive una fijación enfermiza con Juan Roig, el propietario de Mercadona, a quien lo tiene enfilado desde hace años. Y como la dama en cuestión es así de deslenguada y estéril en sus planteamientos, le ha llamado «ser despreciable» y «capitalista despiadado». Es un suma y sigue que utiliza cual comodín barato, a fin de disfrazar sus oropeles y carencias políticas. 

Por cierto, hace tiempo que la izquierda y la ultra izquierda no invocan la figura de Franco, tan socorrida cuando no hay nada que decir. 

En paralelo la palabra fascista (facha, en lenguaje mendaz) está a la orden del día en su vocabulario. Los católicos –los de otras religiones nunca-, la gente de orden, los que se sienten patriotas al margen de ideologías… todos son fachas. Aunque sean de izquierdas. Que también los hay. Como Felipe González.
 

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