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Padre, madre...

11/01/2026
 Actualizado a 11/01/2026
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Si no fuese por la presencia de la rúcula pelirroja de Tom Waits, la última película de Jim Jarmush podría atribuirse tranquilamente a algún otro maestro del diálogo y las distancias cortas, empezando por Woody Allen. Pero esto no lo menciona ninguna crítica de medios relevantes sino que todas apuntan al unísono a que es una narración episódica, con elementos simbólicos en común, sutil y bella. Y hasta aquí reproduzco lo leído, que no quiero que piensen ustedes que le he comprado la reseña a la agencia Efe, como parece que hubiesen hecho los tristes de los diarios. Se nota que van a los festivales y se ven obligados a tirar de hostel. Para eso Boyero y el Marchante, que iban a tutiplén y que temblasen Venecia, Cannes o San Sebastián. Allí se dejaban los cuartos sin compasión, los suyos y los del periódico.   Precisamente, una de las cosas que hacen a «Father, Mother, Sister, Brother» bonita de ver es la ausencia de penurias económicas potentes. De hecho, la precariedad en la que viven algunos personajes está tratada muy burlonamente. Siempre es agradable ver un BMW retro, una detached house de ladrillo macizo rodeada de ¿dalias? o que la juventud se tome dos espressos y deje un billete de diez pavos por pago. 

Lo que la vuelve conmovedora a esta cinta es que hay mucho respeto por cómo viven los padres protagonistas. Que, por cierto, de eso va la peli, de la relación de seis adultos (en tres parejas de hermanos) talludos y sus padres viejos (y lo dice Efe también). Tratados con mucha dignidad por sus hijos (o es temor distante estúpidamente interpretado como respeto anglosajón) con poco intervencionismo en sus vidas (mutuo) los mayores parecen no ser ni haber sido esclavos de su paternidad añosa. 

Y no se si podríamos decir lo mismo los seis adultones (en parejas sentimentales) que comimos juntos el otro día en el Luisón, cada uno, por cierto, con muy diferentes formas de relacionarse con sus padres.   Si hay una historia que deseamos conocer llegados a una edad es la de nuestros padres. Es liberador que hayan tenido su vida y lo más liberador de todo es que ellos se equivocasen en su momento, con sus mierdas, pues es señal de que nosotros no lo estamos haciendo tan mal. Si los árbitros la mangaron…Solo un detalle más. El último León de Oro marea un poco. De solo pensar en las microdosis de setas que se administran los últimos hermanos ya provocaría, pero lo digo por los primeros planos irreales de los personajes desplazándose en coche. Una vacilada de efecto. 
 

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