Cristina flantains

Ozempic (o el mandato de la delgadez)

23/09/2026
 Actualizado a 23/09/2026
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Somos nosotras quienes tenemos que decidir quiénes y cómo somos y qué sitio ocupamos. Nadie debe intervenir en esta percepción. La naturaleza nos ha dotado de herramientas suficientes para tener esta información objetivamente y esto nos hace autosuficientes.

Estas herramientas son nuestros propios sentidos. Según la neurociencia, tenemos 7 sentidos, y los 5 más conocidos son los menos importantes (que sean menos importantes no quiere decir que no sean importantes), a saber: oído, vista, olfato, gusto, tacto, la interocepción y la propiocepción, estos últimos nos hablan de nuestro yo en primera persona, las demás… del mundo.

Es imprescindible que cada una de nosotras sepamos que cada vez que nos preguntamos quienes somos y realizamos un ejercicio de reflexión y autoconocimiento, la percepción que tenemos de nosotras mismas es objetiva y revela una realidad que no se debe cuestionar. Y también es imprescindible saber que renunciar a una de estas herramientas, nuestros sentidos, nos hace vulnerables y dependientes. No es lo mismo ver que estar ciega. Oir que estar sorda. No es lo mismo tener hambre y saciarla que no tenerla por mandato «divino» y conformarme con no tenerla. No es lo mismo saber el espacio que ocupo y tengo derecho a ocupar, que no saberlo y delegar este detalle capital en terceros.

Así que si yo hago un ejercicio de propiocepción y el resultado es que me siento bien, no tengo por qué dar pábulo a alguien que venga a decirme lo contrario. Igualmente que si oigo ‘Las Cuatro Estaciones’ de Vivaldi, que me encantan, y alguien viene a decirme que son una basura… puedo pensar que es un ignorante sin remedio sin miedo a equivocarme. 

De eso, precisamente va el Ozempic.

No viene a decirme que ‘Las Cuatro Estaciones’ son una mierda, con esa autoridad casposa del estado patriarcal; viene a decirme que lo soy yo si no cumplo con unos estándares de ideales estéticos, en los que va implícita una extraña superioridad moral. Como si estar delgada, más allá de lo que mi salud puede soportar, supusiese la panacea del virtuosismo. La clave del empoderamiento feminista.

Lo impresionante de todo esto, es que después de tantos siglos de represión y violencia sufrida. De las palizas, de las violaciones de los feminicidios, de tanta lucha feminista por la igualdad, por el respeto, de tanto derechos por conquistar… no la sigan colando. 

El negocio es tan brutal que arranca con la cifra de 13.538 millones de euros. El nicho de mercado somos nosotras.

La estrategia de marketing consiste en minar nuestra autoestima, la de las mujeres, hasta confundirla para convertirnos en una clientela entregada. Y son los daneses los que están haciendo el negocio… Aunque su tiempo de ventaja sea escaso, ya que pronto lo compartirán con EE UU. Ni siquiera Groenlandia va a suponer un problema: la pasta es la pasta.

Qué tiempos aquellos los del ‘body positive’. Qué fugaz momento de paz y alegría. Naomi Wolf lo anticipó hace décadas: cada avance feminista genera una reacción. No es casual. Es estructural. Y cuando esa reacción puede generar beneficios millonarios, se acelera. El capitalismo patriarcal no solo resiste, también monetiza el retroceso.

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